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Caso 764

Desde los quince años fumo marihuana. A los veinticinco años acepté a Jesucristo [como mi Salvador y Señor], y mi vida cambió; pero por algún motivo, al año y medio de haber dejado la marihuana, volví a caer en ese vicio. Desde entonces no he logrado dejarlo.... Trato y trato, y no puedo. Lo he mantenido en secreto.... Asisto a la iglesia normalmente, pero me siento miserable con este pecado continuo. Me siento frustrado.

Consejo

Estimado amigo:

Muchas personas sostienen que la marihuana no es adictiva. Alegan que uno puede dejar de fumarla cuando quiera. Pero el caso suyo es evidencia de lo contrario. Usted no ha podido dejarla, a pesar de seguir tratando de lograrlo. Ese es el significado de adicción.

Debido a que es un vicio, puede compararse con la adicción al alcohol, al cigarrillo, a los juegos de azar, a morderse las uñas y aun a decir mentira. Todos esos son hábitos dañinos que son difíciles de dejar, causados por estímulos químicos en nuestro cerebro cuando los practicamos. Le animo a que lea el Caso 7 a fin de aprender un poco acerca de cómo los malos hábitos modifican nuestro cerebro, lo cual a su vez hace que sea más difícil dejarlos.

Lo felicitamos por arrepentirse de lo que ha hecho y por querer cambiar. Usted teme que los que asisten a la iglesia no lo aceptarían si se enteraran de su secreto. Si lee el Caso 609, comprenderá que la iglesia es más bien un hospital para pecadores y no un club para personas santas.

Es probable que nuestro consejo le produzca ansias y temor. Pero si tiene valor y sigue nuestras recomendaciones a pesar de ese temor, descubrirá que vale la pena.

Dios no lo creó a usted para que afronte las luchas de la vida por sí solo. Le dio una familia en el hogar, y luego una familia en la iglesia, para ayudarlo. Pero al mantener su problema en secreto usted está permitiendo que controle su vida, y no está permitiendo que lo ayuden los demás.

Tal vez no lo haya pensado de la siguiente manera, pero todos en la iglesia sin excepción son pecadores y no santos. Todos han quebrantado las leyes divinas. Algunos ya han vencido sus propias tentaciones, pero otros no. Muchos de éstos están librando una lucha en silencio, tal y como está luchando usted.

Los que, al igual que usted, asisten a la iglesia y aún así tienen la tendencia o sienten la tentación de pecar no son hipócritas. Los hipócritas son los que se hacen pasar por santos mientras ocultan su pecado de todos los demás.

Por eso, cuéntele a un amigo de confianza que tiene madurez y asiste a la iglesia acerca de la lucha que usted está librando. Pídale que ore por usted y que le pregunte con frecuencia cómo está progresando en su meta de dejar atrás la marihuana. Luego cuéntele y pídale lo mismo a otro amigo en quien puede confiar. Hable con franqueza acerca de su tentación, incluso cuando ha logrado afrontarla con éxito. Saque de los rincones oscuros ese secreto, y deje que lo alumbre la luz de Cristo.

Si alguien decide que usted no está en condiciones de enseñar o de dirigir la alabanza en la iglesia debido a esas tentaciones, acepte con humildad la decisión como un desafío para vencer en el futuro. En cualquier momento en que alguien lo juzgue con severidad, recuerde que Jesús enseñó que «el que a sí mismo se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».1

Le deseamos lo mejor,

Linda
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1 Mt 23:12

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