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Caso 732

A veces siento que debiera terminar con mi vida. Cuando era niño, mi papá siempre me decía que no servía para nada.... Cada vez que intentaba estar cerca de él, terminaba yéndome a llorar porque se enojaba mucho conmigo. Sentía que me odiaba.

Ahora tengo veinticinco años, y él ya cambió... pero no puedo borrar de mi mente su mirada enojada....

Estudié y me gradué, pero aun así siento que no valgo nada.... Sé que soy mayor de edad, pero a veces quisiera un consuelo, o que alguien me diga que sí sirvo para algo y que sí sé hacer cosas importantes.

Consejo

Estimado amigo:

¡Mentiras! ¡Puras mentiras! ¡Usted ha escuchado esas mentiras tantas veces que ha llegado a creerlas! Y se han apoderado de sus pensamientos y han estropeado sus emociones. Usted está atrapado en una prisión de mentiras, y no ha logrado salir de ella.

Esto no es culpa suya. Usted no hizo nada para merecerlo. No podemos decirle por qué su padre le hizo esto, pero sí podemos decirle que no tuvo nada que ver con el hombre que es usted. Tenía que ver más bien con el hombre que es él. Las palabras y las miradas enojadas que él le dirigió demostraban fallas en él y no ninguna falla de parte de usted.

Sería maravilloso si pudiéramos simplemente entregarle a usted la llave de la prisión en que se encuentra y decirle que abra la puerta y salga. Sin embargo, su padre trastornó la imagen fundamental que usted tiene de sí mismo, y no hay llave alguna que pueda abrir ese cerrojo. Usted necesita un terapeuta profesional que lo ayude a llegar al fondo de todas las mentiras y examinarlas una a una.

Mientras tanto, sí le tenemos buenas noticias para ayudarle a comenzar. El apóstol Pablo enseñó que «somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios dispuso de antemano a fin de que las pongamos en práctica».1 ¿Se da cuenta? Usted no es como una colección de huesos y piel producidos en masa que no sirven para nada. Por el contrario, es como un valioso tesoro que Dios hizo a mano para que haga cosas buenas en calidad de representante suyo en este mundo.

El padre de usted era todo lo opuesto a nuestro Padre celestial. «Yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes —afirma nuestro Padre celestial—, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza.» Y luego nuestro Padre celestial nos dice cómo tener esa esperanza y ese futuro. «Ustedes me invocarán, y vendrán a suplicarme, y yo los escucharé —nos asegura—. Me buscarán y me encontrarán cuando me busquen de todo corazón.»2

¡Dios lo ama! A los ojos de Él, usted es un tesoro. Pídale en oración que le muestre cómo reconocer todas las mentiras que usted ha creído y que le enseñe la verdad.

Le deseamos lo mejor,

Linda
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1 Ef 2:10
2 Jer 29:11-13

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