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Caso 664

Estoy separado de mi esposa desde hace dos años. Tenemos una hijita de dos años y medio. Me duele cuando voy a visitarla y tengo que dejarla al regresar a mi actual domicilio, porque no vivo con ellas.

He deseado que Dios cambie mi corazón, me ayude a no tener resentimiento, falta de perdón, pero me doy cuenta de que, aunque leo, medito y oro, no hay ese cambio en mí.... Me pregunto muchas veces dónde está ese nuevo nacimiento que tanto anhelo.... ¿Qué más tengo que hacer para lograr esa paz, ese cambio en mi vida, ese cambio en mi corazón, en mis pensamientos, de modo que todos puedan ver a un hombre cambiado conforme a la voluntad de Dios?

Consejo

Estimado amigo:

Sentimos mucho la disolución de su matrimonio y su familia. Su deseo de dejar de sentir resentimiento y dejar de negarse a perdonar indica que cree que su esposa hizo algo que usted no ha podido perdonar, y que está resentido con ella por lo que hizo.

Podemos suponer que su esposa tiene la mayor parte, o al menos una buena parte, de culpa en la disolución del matrimonio, pero no tenemos ninguna manera de saber qué tanta culpa tiene usted. Lamentablemente, cualquiera de nosotros puede leer la Biblia y orar, y el hacerlo no indica necesariamente que nos estemos comunicando con Dios.

Imaginémonos que hayan pasado trece años y que su hija, ahora con quince años, se despierta cada mañana y lo busca para contarle acerca de los problemas que está afrontando. Usted le responde con un consejo, pero ella luego sale y hace todo lo contrario. La mañana siguiente su hija vuelve a buscarlo para decirle que sus problemas han empeorado. Ella, al parecer, lo está escuchando cuando usted le da un nuevo consejo, pero una vez más sale y hace caso omiso de todo lo que usted le ha dicho. Lo mismo ocurre día tras día, y ella les dice a sus amigas que los consejos de su padre en realidad no sirven para nada.

Juan el apóstol enseñó que, si le confesamos nuestros pecados a Dios, Él nos perdonará.1 Pero la confesión es más que decir las palabras indicadas; va acompañada de un profundo arrepentimiento que produce el deseo de cambiar. El nuevo nacimiento al que se refiere se da cuando el arrepentimiento es tan profundo que lo ayuda a considerar su pecado como despreciable y repugnante.

Todos hemos pecado; usted en definitiva no es el único.2 Pero ¿de veras le pesa su pecado, o le pesa principalmente que las cosas no le salieron tal como quería? ¿Está tan obsesionado con lo que los demás le han hecho que de veras no se ha arrepentido ni ha confesado lo que ha hecho usted mismo?

No hay duda de que es bueno querer que se restaure su familia, pero su meta primordial debe ser escuchar lo que Dios le está diciendo hoy. No se limite nada más a escuchar, para luego hacer caso omiso, como su hija hipotética de quince años bien pudiera hacer algún día. Más bien, escuche y luego ponga en práctica lo aprendido.

Le deseamos lo mejor,

Linda
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1 1Jn 1:9
2 Ro 3:23

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