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Caso 649

Tengo treinta años y tres nenas. Hace cinco años me junté con mi pareja actual, y tuvimos una nena. Mis dos primeras hijas no son suyas, y me he dado cuenta de que él no las quiere. Con ellas pelea todo el tiempo. Ellas están siempre encerradas en el cuarto porque él las trata mal.

Él nunca ha querido casarse y, para colmo de males, peleamos porque bebe alcohol. He hablado muchas veces con él para que cambie, pero todo vuelve a lo mismo. Me siento mal por mis hijas. Necesito ayuda. Estoy confundida y no sé qué hacer. Tengo miedo de separarme y dejar a mi hija menor sin su papá.

Consejo

Estimada amiga:

Nos alegramos mucho de que nos haya pedido consejo porque creemos que sus dos hijas mayores corren peligro. Usted es testigo de que su pareja las trata mal, y sin embargo sigue viviendo con él. Si usted no cambia de inmediato el entorno físico en que ellas viven, nunca dejará de ser culpable de haberlas abandonado emocionalmente.

Cuando usted dio a luz esas dos niñitas, se hizo responsable de la salud física, mental y emocional de ellas. Como usted no estaba casada, ellas llegaron a ser su responsabilidad primordial. Cuando comenzó a vivir con un hombre que no las amaba, usted sacrificó el bienestar de ellas por su propia felicidad. Le dio el primer lugar a ese hombre y el último lugar a sus inocentes hijas. Cualesquiera que fueran sus razones para hacerlo, usted no puede cambiar el pasado, pero no es demasiado tarde para protegerlas en el futuro.

En cuanto a su tercera hija, él tiene el derecho de pasar tiempo con ella siempre y cuando se abstenga de beber alcohol mientras la acompaña. Y si él no aporta voluntariamente al sustento de ella, le recomendamos que tome medidas legales para que las autoridades lo obliguen a ayudar a sufragar esos gastos.

No es nada fácil, para usted sola, proveer para el sustento de sus tres hijas. Si el padre de sus dos hijas mayores no aporta para el sustento de ellas, le recomendamos que tome medidas legales contra él también.

El plan de Dios es que un hombre y una mujer contraigan matrimonio antes de tener relaciones sexuales. Cuando las parejas siguen ese plan divino, esa relación ocupa el primer lugar. Se funden en un solo ser, tal como está prescrito en Génesis, el primer libro de la Biblia.1 Sin embargo, cuando un hombre o una mujer ya tiene un hijo o una hija como resultado de divorcio, separación o muerte del cónyuge, entonces las necesidades del hijo o de la hija tienen prioridad sobre cualquier futura relación sentimental. Por eso aconsejamos con tanta frecuencia que los padres solteros y las madres solteras esperen hasta que sus hijos sean adultos antes de considerar un futuro matrimonio.

Le rogamos que ponga en primer lugar las necesidades de sus hijas y que se separe de este hombre inmediatamente. Luego de eso, descarte de su mente toda idea de romance futuro y concéntrese en amar a sus hijas como ellas se merecen. Reserve todo romance posible para un futuro matrimonio, después de que sus hijas sean adultas.

Le deseamos lo mejor,

Linda
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1 Gn 2:24

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