«Con un canasto lleno de tamales»

21 oct 2020

(4o. domingo de octubre: Día de la Suegra)

«A mi suegra la conocí una tarde en Piedecuesta, el pueblo natal de mi esposa, mientras llegaba de la plaza de mercado luego de vender tamales —cuenta el humorista colombiano José Ordóñez en su obra titulada Primer libro de José Ordóñez a los aburridos—. La conocían en el pueblo como “la Tamalera”. Cuando la vi, me asusté, pues tenía un rostro austero, fuerte, como las mujeres de mi tierra santandereana. Conforme pasaron los días, me di cuenta de que sólo era un asunto de “fachada”, pues la Tamalera era una mujer de campo sencilla y humilde, y con una gran capacidad de servir a los demás, cosa que admiré toda su vida....

»Así pues, ando por la vida subiéndome a los escenarios de todo el mundo para hablar mal de una “supuesta” suegra; porque la real, la que conocí, nunca fue motivo de inspiración de todas las divertidas historias [que he contado] acerca de las suegras —aclara el ingenioso cómico, que ha batido varias veces su propio récord mundial de chistes—. [Esta es] la carta que escribí para ella un día después de su muerte:

»“¡Me parece estar observándote con el canasto! Esa fue la primera vez que te vi, recia, fuerte, con la vitalidad de las campesinas que sólo se dan en mi tierra. Tu cabellera, como siempre, alborotada, y el cansancio reflejando tu diaria jornada vendiendo tamales en la plaza de Piedecuesta.

»”¡Quién pensaría que robándote una de tus joyas más preciadas me habrías de regalar tu presencia durante tanto tiempo! Robé el amor de una hermosa joven, y Dios me añadió la presencia de una mamá; devolviste con una caricia lo que fue un abuso de confianza. ¡Gracias! Cuando pocos creyeron en mí, respaldaste la idea de hacer que un vendedor ambulante se convirtiera en un campeón mundial del humor. Supiste ver lo que nadie vio, y me ayudaste a sembrar con lágrimas lo que luego recogimos con risas. No es que te lleves parte de nuestra vida. Es que dejaste toda la tuya con nosotros.

»”¡Qué contrariedad! Tú me acompañaste en todos mis momentos de dolor, sufrimiento y esfuerzo, y no pude acompañar a tu cuerpo sin vida a su morada; pero creo que es mejor así, porque me quedo con la imagen de la nona callada y servicial, amorosa... que siempre a las seis de la mañana me despertaba con un café. Fue hermoso abrir los ojos y verte allí tantas veces. ¡Gracias!

»”... Hoy, cuando te despido, me alegra saber que cambiaste el futuro de tu familia con un canasto lleno de tamales, mientras la gente decía: ‘Ahí va la Tamalera’....

»”Si en el paraíso se prueban los mejores manjares, sin duda Papá Dios te permitirá salir con tu canasto a repartir tamales. Desamárrale uno a Jesucristo por mi cuenta... Y espéranos, porque allí en la presencia de Dios, tu familia... los niños que criaste, te dirán gracias por haber sabido vivir para Dios, por marcar la ruta que conduce al reino que hoy disfrutas. Y dile al Hijo que prepara morada para nosotros que coloque en el patio un fogón grande con unas cuantas hojas de plátano para que en el cielo también se escuche: ‘Ahí va la Tamalera.’

»”Un beso del que te quiere,

»”El yerno,

»”José.”»1


1 José Ordóñez, Primer libro de José Ordóñez a los aburridos (Miami, Florida: Editorial Vida, 2009), pp. 56-64.
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