Analfabetos en dos idiomas

21 feb 2019

(Día Internacional del Idioma Materno)

Nadie esperaba que se quedara callado, sobre todo después de semejante andanada de improperios lanzados contra él y contra el partido político en que militaba. ¡Y eso que el individuo que se los había soltado era un periodista famoso por la pobreza con que hablaba el español! Él, en cambio, tenía fama de dominar la lengua de Cervantes y de ser perspicaz, ágil y tajante para despachar cualquier comentario adverso si se resolvía a hacerlo, así que era de esperarse que aprovechara la primera oportunidad que se le presentara para desquitarse. Por eso, cuando un colega de ese periodista puertorriqueño le pidió a José Arsenio Torres que comentara sobre lo dicho, éste no vaciló en vociferar: «Yo no voy a bajar al nivel de [ese tipo]. Después de todo, ¡ése es un analfabeto en dos idiomas, español e inglés!»1

Menos mal que Dios no nos trata a nosotros como el Profesor Torres trató a su desaventajado contrincante político. Pero conste que tendría toda la razón si lo hiciera. Es que hay de veras muchísimas personas analfabetas en dos idiomas espirituales: el del cielo y el de la tierra. El del cielo es el que emplea Dios para hablarnos desde el cielo, y el de la tierra el que empleamos nosotros para hablarle a Él desde la tierra. En ese sentido, el idioma del cielo es el de nuestra Biblia, y el de la tierra es el de nuestras oraciones. De modo que tienen razón los que sostienen que el idioma del cielo es el español... al menos para los que hablamos español y tenemos acceso a una versión castellana de la Biblia. Lo cierto es que Dios nos ha bendecido con una variedad de traducciones de la Biblia en nuestro idioma, pues ha iluminado y preparado a muchos traductores a través de los siglos que nos la han entregado en nuestra lengua materna. Y si no fuera por esa Palabra encarnada en español, estaríamos incomunicados con su Autor.

Ahora bien, como Dios siempre ha sabido lo que sabemos nosotros, que la comunicación genuina es de doble vía, decidió usar esa vía de comunicación con nosotros que es la Biblia, para indicarnos la vía de regreso a Él. Por eso en la Biblia se le da tanta importancia a la oración, que no es más que hablar con Dios en nuestras propias palabras y en nuestro propio idioma, y al padrenuestro en particular, que es la oración modelo que nos enseñó el Hijo de Dios para comunicarnos desde la tierra con nuestro Padre que está en el cielo. Y por eso en el padrenuestro oramos: «hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo».2 Pero ¿cuál es esa voluntad? Que todos seamos bilingües espirituales, es decir, que aprendamos a conversar con Él, escuchándolo mediante la lectura de su Palabra, y hablándole mediante la oración.

Para llegar a ser verdaderos bilingües espirituales, basta con que observemos a los niños, que aprenden los idiomas al escucharlos repetidamente y al practicarlos. Ejercitémonos en los idiomas del cielo y de la tierra, no sea que se diga de nosotros: «¡Ése es un analfabeto en los dos idiomas más importantes del universo!»


1 Antonio Quiñones Calderón, Anécdotas políticas (San Juan, P.R.: The Credibility Group, Inc., 1996), p. 103.
2 Mt 6:10
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