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Caso 626

Desde hace aproximadamente un año he estado separado de mi esposa. Ella se fue con mis hijos a vivir a otro lugar, y esto me genera mucha culpa.

Vivimos en unión libre durante casi nueve años. Queríamos casarnos, pero siempre surgía algún problema.

Desde pequeño he frecuentado sitios de pornografía, y la inmoralidad sexual ha llegado hasta nuestra habitación. Hoy estoy buscando acercarme a Dios, pero la culpa por sentir que arruiné a mi familia me hunde cada día más. No sé cómo liberarme de este sentimiento, el cual muchas veces me lleva nuevamente a la pornografía.

Consejo

Estimado amigo:

Lo felicitamos por no ocultar el problema que llevó, o al menos contribuyó, a que su familia lo abandonara. Lamentamos que ya no viva con sus hijos, pero esperamos que esté visitándolos con frecuencia. Sus hijos necesitan que el padre forme parte de su vida, así que no deje que la culpa que siente por haber arruinado a su familia en el pasado afecte la relación que tenga con ellos en el presente.

Usted da la impresión de que no tiene esperanza alguna para restaurar a su familia. Tal vez tenga razón, pero también es posible que, si lograra dominar sus hábitos destructivos, bien podría ganarse la confianza de la madre de sus hijos a tal grado que ella estuviera dispuesta a casarse con usted algún día.

Por ahora es evidente que lo está dominando la culpa, y que eso lo está deprimiendo y haciendo que pierda toda esperanza. La depresión no lo deja ver que hay esperanza para dominar el vicio de la pornografía y para librarse del control que tiene sobre su vida.

Tal vez usted no comprenda que en realidad es adicto a la pornografía. Esa adicción es el resultado de hábitos que han causado cambios en las sustancias químicas de su cerebro, las cuales nunca dejan de reforzar esos hábitos. Lamentablemente será tan difícil para usted librarse de su adicción como lo es para los drogadictos y los alcohólicos librarse de la de ellos. El solo hecho de resolver dejar de ver la pornografía, o de pedirle a Dios que lo ayude a dejar de verla, no es suficiente. Para librarse de la adicción, su cerebro tiene que formar nuevos hábitos que lleguen a sustituir los hábitos antiguos. En el Caso número 7 hicimos varias sugerencias acerca de cómo comenzar y proceder para lograrlo. También le recomendamos que lea los Casos 186 y 227 para obtener aún más ideas.

La buena noticia es que Dios quitará las consecuencias eternas de su pecado si usted se lo pide en el nombre de su Hijo Jesucristo. Pero si bien Dios quiere tener una relación estrecha con usted y está dispuesto a perdonarlo, Él casi nunca quita las consecuencias naturales de los pecados que usted haya cometido. Esas consecuencias cumplen el propósito de enseñarle cómo evitar el mismo problema en el futuro, y de motivarlo a que ponga en práctica lo que ha aprendido.

La consecuencia natural de este pecado es que usted tendrá que esforzarse al máximo por cambiar las sustancias químicas en su cerebro. Ese proceso, así como cualquier otro proceso de reconstrucción, llevará tiempo; pero el resultado final valdrá la pena.

Le deseamos lo mejor,

Linda

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