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Caso 660

Toda la vida he pertenecido a cierta religión, pero ya no me nace volver de nuevo porque algunas personas no aceptan un “no” como respuesta, y eso me molesta mucho. ¿Para tener una relación sana con Dios es necesario pertenecer a alguna religión en particular?

Consejo

Estimado amigo:

Las entidades religiosas y las iglesias a veces no difieren mucho de algunos clubes, organizaciones o equipos deportivos. Hay miembros que están dispuestos a morir por lo que representa su grupo, pero tristemente hay otros que pertenecen al grupo para poder estar cerca de personas de las quieren aprovecharse de algún modo, tal como mediante una maniobra financiera o hasta abuso sexual. Así mismo hay personas sinceras y honorables que pertenecen al mismo grupo debido a que es la tradición de su familia, o debido a que les conviene en sus relaciones sociales.

Sin embargo, si bien hay personas sinceras que pertenecen a casi todas las religiones, ni el formar parte de una religión ni seguir tradiciones religiosas son las maneras de conocer a Dios. Jesucristo, el Hijo de Dios, les advirtió a sus discípulos acerca de los líderes religiosos de aquella época. Su denuncia más severa fue que, si bien seguían con esmero hasta las leyes más insignificantes, el corazón de ellos estaba lleno de codicia y de maldad.1

Con eso Jesús estaba ampliando lo que su Padre Dios le había dicho al profeta Samuel hacía más de mil años: «La gente se fija en las apariencias, pero yo me fijo en el corazón.»2 En otras palabras, la gente nos juzga por lo que hacemos, mientras que Dios nos juzga por lo que tenemos en el corazón.

Usted bien pudiera responder: «¡Oiga! Ese es un gran problema. Yo no soy perfecto. En mi corazón suele haber enojo, impaciencia, venganza, envidia y orgullo. Si Dios me juzga por todo eso, ¡estoy perdido!» Pero nosotros entonces diríamos: «Tiene razón. Sí. Está perdido, pero nosotros pudiéramos decir lo mismo. Ninguno de nosotros tiene pensamientos y motivos perfectos.»

Sin embargo, ¡no hay que perder la esperanza! Cristo ya sufrió el castigo por todas nuestras impurezas. Él pagó la pena que usted debía pagar como también la nuestra. Y está listo para ofrecernos el perdón, pero tenemos que abrir el corazón y disponernos a recibirlo. Cuando le confesamos a Dios en oración que nuestro corazón no está limpio y que necesitamos su perdón, Él responde declarándonos inocentes.3

Después de recibir el perdón, vamos naturalmente a querer permitir que Dios nos guíe y nos muestre el plan que ya ha trazado para nuestra vida. Al orar y leer la Biblia, llegamos a conocer a Dios y aprender a escuchar su voz. Y procuramos unirnos a otras personas que también han recibido el perdón, a fin de que podamos aprender juntos y animarnos mutuamente. Es posible que nos reunamos en el patio o en el comedor de la casa de alguien del grupo, o en una iglesia. El lugar específico no importa. Lo que sí importa es que cada día nos esforcemos por conocer mejor a Dios y permitamos que nos guíe.

Le deseamos lo mejor,

Linda
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1 Lc 11:39
2 1S 16:7
3 Ro 5:16; 8:33 (TLA)

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