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Caso 593

Hace años, cuando era niño, leí el versículo sobre la blasfemia contra el Espíritu Santo. Pensé mucho en ello, y terminé pensando una blasfemia contra Él. Tengo mucho temor. No sé qué hacer.

Consejo

Estimado amigo:

Como tal vez haya notado, por lo general no damos consejos que tienen que ver con teología. Hay muchas organizaciones, incluyendo iglesias, que invierten casi todo su tiempo tratando sobre ese tema.

Sin embargo, usted está atemorizado y confundido, así que vamos a darle nuestro consejo. Tenga presente que todo lo que decimos se basa en nuestra creencia en los principios de la Biblia, que es la Palabra de Dios dirigida a nosotros.

La Biblia documenta muchas cosas que Jesucristo mismo, el Hijo de Dios, dijo cuando vivió en este mundo. Cuando usted era niño, leyó lo que Él dijo acerca del peligro de blasfemar contra el Espíritu Santo. La palabra «blasfemia» debió de haber sido muy difícil y poco común para usted en aquel entonces, tal como lo es para muchos adultos ahora.

La blasfemia es mucho más que las palabras mismas que proceden de la boca. A las palabras las antecede una actitud del corazón. Después de advertir acerca de la blasfemia, Jesucristo dijo que las palabras que salen de la boca de una persona revelan lo que tiene en el corazón.1 Por eso, cuando lo que sale de la boca es blasfemia contra el Espíritu Santo, se debe a que hay en el corazón un rechazo inalterable al Espíritu Santo.

Una de las funciones del Espíritu Santo es convencernos de pecado.2 Él se vale de nuestra conciencia para llamarnos la atención. A eso se debe que la mayoría de nosotros nos sentimos mal cuando hemos hecho algo malo, aunque no lo hayamos hecho a propósito. Cuando le hacemos caso a nuestra conciencia, reconocemos que necesitamos pedirles perdón a Dios y al prójimo. Pero si nos negamos a hacerle caso, el volumen de los mensajes que nos envía nuestra conciencia es cada vez más bajo. Con el tiempo algunas personas dejan de oír por completo la voz de su conciencia. Tienen el corazón lleno de maldad, y rechazan intencionalmente los mensajes de parte del Espíritu. En ese momento, han excluido del todo al Espíritu Santo. Hacen lo que quieren, sea bueno o sea malo, y ni siquiera se sienten culpables. Sin ese sentido de culpabilidad, no piden perdón, así que no pueden ser perdonados. Y eso hace que su pecado sea imperdonable, lo cual Cristo advirtió que les sucedería a quienes blasfemaran contra el Espíritu Santo.3

Como niño, usted no tenía en el corazón la maldad para rechazar por completo al Espíritu Santo. La prueba de eso es que aun se siente mal por lo que hizo. El sentirse mal quiere decir que está oyendo al Espíritu Santo. De modo que puede pedir perdón y tener la certeza de que Dios lo perdonará. Si hubiera cometido el pecado imperdonable, no sentiría culpabilidad alguna al respecto porque el Espíritu Santo habría dejado de convencerlo de su pecado.

Le deseamos lo mejor,

Linda
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1 Mt 12:34
2 Jn 16:8-9
3 Mt 12:31; Mr 3:28-29

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