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Caso 575

Soy un hombre de veintinueve años. Hace dos años conocí a una mujer de veinticinco que es madre soltera de una niña. Fuimos novios nueve meses, pero como mi familia no estaba de acuerdo con esa relación sentimental, me separé de mi novia. Quedó devastada, y no supe nada de ella por un año y medio.

Como no la podía olvidar, la volví a buscar, y ella accedió contenta a regresar conmigo. Nunca hemos convivido. Hemos planeado casarnos, pero siempre tengo temor [debido a que no sé cómo ser un padrastro] y no quiero jugar con sus sentimientos.

Consejo

Estimado amigo:

Dando por sentado que sus padres son dos de los miembros de su familia que no estaban de acuerdo con su noviazgo, usted los honró al ponerle fin hace año y medio. Fue sabio acatar el consejo que le dieron, ya que a veces los padres presienten posibles problemas de los que no son conscientes los hijos.

Sin embargo, también es cierto que algunos padres y familiares tienen otros motivos además de la necesidad de proteger a su familia. Algunos se oponen al matrimonio del familiar por razones económicas, y los móviles de otros son su egoísmo y sus propias necesidades emocionales. Aun otros tienen prejuicios personales que afectan su buen juicio.

No sabemos cuáles son las intenciones o los móviles de sus familiares, pero cualesquiera que sean, usted le dio importancia por bastante tiempo a lo que los preocupaba. Usted sí los honró, como Dios espera que haga. Sin embargo, el honrar no quiere decir que un hijo adulto tenga que obedecer a sus padres y, aun menos, a otros familiares. Todo adulto tiene la libertad y la responsabilidad de tomar sus propias decisiones, ya sea que sus padres estén o no de acuerdo.

Usted también honró a Dios al abstenerse de vivir con su novia antes de casarse con ella. Esperar hasta casarse es la mejor manera de evitar un buen número de posibles complicaciones.

Tiene razón al dar por sentado que los padrastros afrontan muchos retos. Las circunstancias de la situación en que se encuentra su novia son importantes, y esas circunstancias afectan nuestro consejo. ¿Qué tipo de relación tiene su novia con el padre biológico de la hija? Si el padre aún vive, ¿se debió a él la ruptura de la relación? ¿Fue infiel? ¿Está él involucrado en la vida de la hija? ¿Comparte la custodia? ¿Aporta al sustento económico de la hija? El no conocer las respuestas a esos interrogantes impide que le aconsejemos si le conviene o no le conviene casarse con su novia.

También es muy importante la edad de la hija. Es posible que, siendo menor de edad, se ajuste bastante bien a un padrastro amoroso. Sin embargo, por lo general no es aconsejable que los padres de hijos adolescentes se casen. Por el bien de los hijos, antes de contemplar un noviazgo deben esperar hasta que éstos hayan cumplido los dieciocho años. De lo contrario, es probable que los adolescentes, consciente o inconscientemente, consideren al nuevo cónyuge como una amenaza y hagan todo lo posible por perjudicar la relación entre los cónyuges. Los padres biológicos luego se ven obligados a afrontar la situación sin salida de tener que servir constantemente de mediadores o incluso elegir entre los hijos y la esposa. Eso causa muchísima tensión en el matrimonio.

Lea el Caso 99 para enterarse de lo que yo sentía a causa de tener un padrastro, y el Caso 520 para aprender más acerca de cómo vivir con hijos con quienes uno no tiene vínculos adoptivos ni biológicos.

Le deseamos lo mejor,

Linda

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