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Caso 96

Soy una mujer de treinta y tres años, separada hace un año.... Tengo tres pequeños a mi cargo. Hace algún tiempo llegó alguien a mi vida que había conocido... cuando aún era soltera.... Me llenó de halagos y palabras de amor.... Terminé teniendo relaciones con él. Me siento muy mal: me siento sucia, y no sé cómo pedirle a Dios que me perdone.

A veces creo que no merezco vivir, y quiero desaparecer de este mundo junto con [los] tres pequeños y así dejar de hacer cosas que sólo me han causado mucho daño.... No quiero hundirme en un hoyo del cual después no pueda salir.

Consejo

Estimada amiga:

Lamentamos la separación que usted ha sufrido así como la carga de cuidar sola a sus tres hijos. Es muy probable que las dificultades y el estrés hayan contribuido a que se sienta deprimida y desesperada. Esas emociones fuertes, junto con la culpa que siente, la están abrumando.

Sus palabras nos recuerdan las de David, el rey de Israel. David tenía una relación personal con Dios, pero eso no quiere decir que fuera un hombre perfecto. Él cometió muchas inmoralidades. Una de ellas fue el tener relaciones íntimas con la esposa de otro hombre.1 Luego de haber cometido adulterio con ella, David se sintió muy culpable, así que trató de ocultar lo que había hecho. Pero Dios está al tanto de todo pecado, y sabía lo que David había hecho. Finalmente David se sintió arrepentido por su pecado, e hizo la oración que se encuentra en el Salmo 51. En su oración, David le dice a Dios que está arrepentido y le pide perdón.

Usted dice que a veces cree que no merece vivir. David no merecía vivir. Y nosotros tampoco. Todos merecemos un castigo severo por nuestro pecado. Pero Jesucristo, el Hijo de Dios, llevó nuestro castigo cuando murió en la cruz. De modo que, cuando usted ore como hizo David, Dios la perdonará y limpiará su corazón de todo pecado. Usted no tiene que sufrir el castigo de su pecado, ya que la condena de ese pecado la pagó Cristo. Y Dios le dará la oportunidad de volver a comenzar.

Después que usted haya orado y que Dios la haya perdonado, le convendrá tomar algunas precauciones con relación al futuro. No hay duda de que esta experiencia le ha enseñado que no quiere volver a cometer ese error. Entonces, ¿cómo puede evitarlo? Ante todo, reconozca que por lo general el pecado no sucede en un instante. Normalmente hay pasos graduales que nos van llevando, poco a poco, a tomar la decisión equivocada. Usted dice que aquel hombre la llenó de halagos y de palabras de amor. La próxima vez que eso ocurra, debe oír una voz de alarma en su cerebro que le advierte que hay peligro por delante. Cuando oiga esa voz, recuerde lo mal que se está sintiendo ahora mismo por haber hecho caso omiso del peligro. No olvide que, con la ayuda de Dios, usted puede evitar cometer ese error nuevamente.

Dios la ama a usted, y ama igualmente a sus tres hijitos,

Linda y Carlos Rey
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1 2S 11:4

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