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Caso 370

Tengo una hija de trece años que hace como veinte días está viviendo conmigo. Ella siempre ha vivido con su madre, pero su mamá dedica demasiado tiempo a su trabajo, y mi hija siempre se ha sentido sola.... Ella quiere vivir conmigo para tener quien la cuide y le preste atención para todo lo que ella requiera; pero la mamá de mi hija la llama muchas veces en el día y llama a mi familia a hacerles recomendaciones sobre mi hija.

Quisiera saber qué debo hacer, si lo que yo quiero es conocerla y educarla a mi manera, ya que está entrando en... la adolescencia.

Consejo

Estimado amigo:

Su problema no tiene una solución acertada ni una incorrecta. No hay una fórmula mágica para conseguir que la madre de su hija coopere, y no hay nada que usted pueda hacer para resolver al instante la discrepancia entre lo que usted quisiera que ocurriera y lo que en realidad está ocurriendo. Así que acepte el hecho de que es como si estuviera en un largo viaje y cada día avanzará un poco, pero que no llegará a su destino en cuestión de días o ni siquiera en meses. Tan pronto como supere algunos conflictos, surgirán otros.

Cuando los padres no viven juntos, casi siempre se presentan conflictos que hay que afrontar. Los dos aman a su hija y quieren lo mejor para ella, pero cada uno tiene su propia idea de lo que considera mejor. La forma más rápida y directa de resolver una parte del conflicto es consultar a un consejero o mediador. Eso pudiera ser costoso, pero es posible que le ahorre horas de desacuerdos improductivos y confrontaciones desagradables. Dígale al consejero que ustedes lo están consultando a corto plazo a fin de llegar a un acuerdo que ambos puedan cumplir. En la lista de los pormenores que hay que resolver deben aparecer el número de llamadas telefónicas al día de parte del progenitor que no tenga la custodia, el papel que juegan otros familiares, y reglas que ambos acuerdan hacer cumplir cuando tengan la custodia de la hija.

Si usted no tiene acceso a un terapeuta profesional, trate de encontrar a una persona sabia a la que ambos respetan y le tienen confianza, y que ninguno de los dos piensa que sería parcial en su juicio con relación a determinado punto de vista, tal como un líder de la iglesia o de la comunidad.

Como ayuda en la elaboración de reglas sensatas y mutuamente aceptables, le recomendamos que haga de la Biblia su norma. Dios dispuso que la Biblia fuera como una guía que nos mantuviera en el camino correcto. El apóstol Pablo escribió: “Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en la justicia”.1 Si ambos están de acuerdo en enseñarle a su hija a que obedezca los Diez Mandamientos al igual que las otras instrucciones en la Biblia en cuanto a la pureza, la integridad, la honradez y el dominio propio, entonces se habrán puesto de acuerdo con respecto a los asuntos de mayor importancia. Si también acuerdan llevar a su hija a una iglesia donde los líderes enseñan la Biblia, y en la que tanto éstos como los miembros de la congregación la practican, ella podrá formar amistades con adolescentes que están aprendiendo los mismos principios. Durante los años de adolescencia no hay nada más significativo que los amigos, así que el cultivar buenas amistades como parte de un grupo es un paso muy importante. (Claro que no todos los adolescentes que asisten a la iglesia acatan los principios bíblicos. Pero es más probable que se encuentre esa clase de adolescente en una iglesia que en otros lugares.)

En lugar de concentrarse en resolver problemas, resuelva que va a cooperar. Comunique sus deseos de un modo positivo, y esté dispuesto a tener en cuenta también el punto de vista de la madre de su hija. Pero no espere que el proceso lleve menos de cinco años.

Le deseamos lo mejor,

Linda
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1 2Ti 3:16

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