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Caso 168

Cuando tenía tres años, un primo me violó. Pasaron los años y seguí siendo abusada sexualmente, pero por un tío. A medida [que] fui creciendo, tenía un deseo sexual incontrolable. Yo deseaba con todas mis fuerzas entregármele al hombre que iba a ser mi esposo, pero fracasé. Entregué mi cuerpo demasiadas veces....

... Me siento terriblemente sucia. Me odio a mí misma y a mi cuerpo. Me miro al espejo, y siento que nunca seré bonita y que nadie me apreciará si me conoce verdaderamente. Estoy en una relación... y quiero formar una familia con él; pero tengo miedo de que si sabe todo lo que he hecho a causa de mis abusos, no me ame más o no lo comprenda.

He buscado llenar este vacío que siento con Dios, pero... no lo logro. Ya no sé qué hacer, sólo esperar que alguna vez me perdone por todos mis pecados, aunque no logre la salvación eterna.

Consejo

Estimada amiga:

Lamentamos mucho el abuso del que usted fue víctima cuando era apenas una niña. Esperamos que le haya contado a la familia todo lo sucedido para que el primo y el tío no puedan maltratar a otros niños como la maltrataron a usted.

¿Sabía que la experiencia y los sentimientos que usted describe son como los de casi todas las víctimas de abuso infantil? El trauma sexual que usted sufrió hizo que comenzara a tener intensos deseos sexuales que por lo general no se manifiestan hasta la adolescencia. Se portó de un modo lujurioso debido a que su mente no podía aún procesar la moralidad de lo que se le había hecho. Ahora tiene muy baja autoestima y una constante sensación de vergüenza porque es difícil saber qué tanto de lo ocurrido en el transcurso de los años era en realidad culpa suya. Usted cree que cualquiera que de veras la conozca no va a poder amarla. Y cree que Dios le negaría la salvación eterna a causa de su conducta.

¡Le tenemos muy buenas noticias! Dios conoce a la verdadera persona que es usted y sabe todos los secretos que tiene guardados en lo profundo de su ser. Él la ama tal como es usted. Él vio lo malo que se le hizo, y sabe que usted no tuvo la culpa. También sabe acerca de todas las veces que usted entregó su cuerpo, y comprende la confusión que la llevó a hacerlo. Dios está listo y dispuesto no sólo a perdonarla por cualquier pecado que haya cometido, sino también a darle la salvación eterna.1 Basta con que ore en sus propias palabras, pidiéndole a Dios que la perdone y que le permita comenzar de nuevo. Usted no tiene que seguir castigándose, ya que Jesucristo murió en la cruz para llevar todo castigo que usted merezca.

Dios quiere acompañarla cada día y ayudarle a afrontar su futuro. Pídale que le ayude a encontrar un grupo terapéutico de víctimas de abuso sexual. El relacionarse con otros que han tenido las mismas experiencias le servirá para saber cómo tratar a su novio y cómo sobreponerse a su baja autoestima.

Le deseamos lo mejor,

Linda y Carlos Rey
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1 1Jn 1:9

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