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Caso 417

Tengo veinticinco años y cohabito con mi novio. Él trabaja lejos y viene cada quince días a la casa. Cuando regresa, el día se lo dedica a hacerles favores a los hermanos y, cuando se desocupa, se va a beber con sus amigos y regresa en la madrugada o al siguiente día. Cuando le reclamo que por qué me deja sola, me responde que él es libre y que no nació junto a mí para andar juntos. Luego se enoja y se va a la calle....

Creo que no me ama. No me valora, porque dice que le da igual si sigo con él o no.

Consejo

Estimada amiga:

¡Cuánto nos entristece su situación! Es obvio que usted no se valora a sí misma, ya que de lo contrario no permitiría que se aprovecharan de usted y le faltaran el respeto. ¿Acaso alguien en el pasado la ha convencido de que usted no vale nada?

No podemos concebir por qué sigue usted con ese tipo. Él no le está ofreciendo nada en absoluto. Nos imaginamos que él no aporta económicamente para los gastos del hogar y que no asume ninguna responsabilidad en cuanto a cuidarla a usted. Aun cuando sí lo hiciera, eso no le daría el derecho de tratarla tan mal.

La actitud y las palabras de su novio revelan lo que él siente en el corazón. Usted tiene razón al pensar que no la ama; no es usted más que algo que a él le conviene. Le rogamos que se aleje de él en seguida.

Las relaciones románticas que son serias no dan resultado a no ser que los dos se comprometan el uno al otro. Es obvio que su novio no siente compromiso alguno. Usted le está proveyendo una relación física, pero él no le está dando nada a cambio.

A esa clase de relación desequilibrada se debe que Dios haya diseñado el matrimonio. Es cierto que, al casarnos, cedemos la libertad de hacer lo que queremos sin tener que considerar a otra persona. Pero lo que ganamos en un matrimonio amoroso es la seguridad emocional y un compañerismo que hace que sea mil veces mejor estar juntos que estar separados. Ganamos un alma gemela comprensiva que nos ama como nadie más. Ganamos a alguien que nos valora y prefiere lo mejor para nosotros que para sí mismo. Y ganamos a alguien que quiere que siempre andemos juntos.

Muchas personas creen que el vivir juntos sin casarse es la manera de «poner a prueba» la relación. Algunos no creen en el matrimonio, y otros temen equivocarse al tomar semejante decisión. Pero hasta que no encuentre a alguien que la ama y la valora lo suficiente como para casarse con usted, le recomendamos que se quede soltera y se guarde para su futuro esposo.

El apóstol Pablo enseñó: «Así mismo el esposo debe amar a su esposa como a su propio cuerpo. El que ama a su esposa se ama a sí mismo».1 Cuando usted encuentre a un hombre que la ama tanto como se ama a sí mismo, que la valora y quiere estar junto a usted hasta que la muerte los separe, no se conforme con una relación fuera del matrimonio; ¡cásese con él!

Le deseamos lo mejor,

Linda
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1 Ef 5:28

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