21 ago 2017

«NADA QUE ESTÉ PROHIBIDO POR DIOS»

por Carlos Rey

En el año 2006, Muhamad Noor Che Musa, movido por su fe islámica, tomó la importante decisión de casarse. Entre los veintiséis millones de habitantes de Malasia, él era uno de los musulmanes de origen étnico malasio que conformaban más o menos el sesenta por ciento de la población.

Muhamad, ex soldado malasio de treinta y tres años de edad, justificó su matrimonio en estos términos: «Parecerá extraño a los que no nos comprenden, pero he encontrado la paz desde que nos casamos hace dos meses. Sé que la sociedad es cínica, pero no me he casado con mi esposa por su dinero, ya que es pobre.... Sus únicos bienes son sus importantes conocimientos religiosos. Gracias a ella, puedo ampliar mis conocimientos en ese campo.»

A juzgar por sus palabras, no parece que fuera realmente extraña su decisión de casarse. Pero al enterarnos de más detalles del caso, comprendemos por qué adoptó tal actitud Muhamad ante los reporteros que lo entrevistaron. Es que conoció a su esposa mientras se hospedaba en la casa de ella, y se convenció de que era la voluntad de Dios que se enamorara de la tal novia ¡a pesar de que era una anciana que le llevaba setenta y un años!

Antes de conocerla, él nunca se había quedado en ningún lugar por mucho tiempo. Al principio le había dado pena verla tan sola a esa edad avanzada, sin un solo hijo; pero con el paso del tiempo sus sentimientos se habían convertido en amor.

Por su parte, Wook Kundor, la anciana novia de ciento cuatro años de edad, hizo el siguiente comentario religioso acerca de sus nupcias: «Espero que este matrimonio dure. Le pido a la gente que considere nuestro matrimonio como una señal positiva, ya que no hemos hecho nada que esté prohibido por Dios.»

En el diario Harian Metro, de Kuala Lumpur, aparecen fotos de Muhamad con su esposa, mostrando un rostro un poco arrugado pero sonriente. Y como si todo lo anterior fuera poco, el diario proporciona también el pequeño detalle de que era la primera vez que se casaba Muhamad, ¡mientras que para la señora Wook era el matrimonio número veintiuno! De modo que tenía sobrada razón aquella mujer para decir que esperaba que durara este último matrimonio...1

Menos mal que, por mucho que durara, ni ella ni su esposo tendrían razón alguna para preocuparse por lo que, en tales casos, interesaba a los saduceos en los tiempos de Jesucristo. De seguro, si los saduceos hubieran conocido el caso de esta pareja de malasios, le habrían preguntado a Cristo: «Maestro, luego de que esta mujer muera, ¿de cuál de sus veintidós maridos será esposa cuando Dios haga que todos los muertos vuelvan a vivir?»; y Cristo les habría respondido: «Ahora los hombres y las mujeres se casan.... Pero Dios decidirá quiénes merecen volver a vivir, y cuando eso suceda nadie se casará ni morirá.»2

Más vale que todos los que hemos hecho nuestros votos nupciales, incluso Muhamad y Wook, hagamos también nuestros votos celestiales, para que podamos vivir eternamente y disfrutar de amores extrasensoriales como resultado de relaciones sobrenaturales en cuerpos inmortales.


1 «¡Hasta que la muerte los separe...!», <http://olganza.com/2006/05/02/%c2%a1hasta‑que‑la‑muerte‑los‑separe> En línea 4 mayo 2006; «Couple, 33 and 104, Reportedly Marry» (Se casa pareja, 33 y 104, según se informa), 2 mayo 2006, Associated Press <http://www.foxnews.com/story/0,2933,193939,00.html> En línea 4 mayo 2006.
2 Lc 20:27-36 (BLS)