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Caso 18

Mi vida siempre había sido tranquila, dedicado a mi trabajo y estudio. Sin embargo, en el año 2001 un colega mi invitó a visitar un tragamonedas. [Como yo] nunca había conocido ni frecuentado un lugar de esos..., me sugirió que sólo colocara una moneda y, en efecto, lo hice y pulsé un botón dando inicio al juego, y a la segunda jugada me salió el premio mayor.... [Eso fue suficiente] para iniciarme en ese vicio.

He [perdido] todo, absolutamente todo lo que con esfuerzo acumulé, incluso mi casa, y he contraído deudas [inmensas] que ahora han traído serios problemas a mi vida. Tanto es así que ni siquiera he medido las consecuencias, y me sobrecoge la pena el pensar en que mis cuatro hijos ahora ni siquiera tienen qué comer.

He dejado este vicio, y reflexiono acerca de mi maldad quizás demasiado tarde; pero ahora estoy tratando de salir adelante. Digo «tratando», porque lo que trabajo es sólo para pagar deudas, pagar alquiler de casa y para la comida. Muchas veces falta, y es donde me remuerde la conciencia y me refugio en orar y pedir perdón a Dios. Ruego tener un trabajo para poder sacar a mi familia adelante.

Denme un consejo, por favor. ¡Necesito ayuda! Necesito verdaderamente encontrar a Dios.

Consejo

Estimado amigo:

¡Qué bueno que usted ya haya logrado dejar el juego de azar! Lo felicitamos. Sin embargo, ya que el juego de azar es como la mayoría de los otros vicios, le recomendamos que se integre a un grupo de apoyo compuesto de personas que, al igual que usted, están resistiendo esa tentación y se están recuperando de ese vicio. Esas personas lo respaldarán en todos sus esfuerzos por rehacer su vida.

Su caso demuestra por qué es tan peligroso el juego de azar. Algunos piensan que es divertido apostar dinero con tal que sean pocas cantidades, pero no se dan cuenta de que es como jugar con fuego. Es imposible saber quién, a la postre, se enviciará y se hará mucho daño a sí mismo y a sus seres queridos. Lo animamos a que le cuente su caso a los demás, tanto en privado como en público, para rescatar algo positivo de lo negativo que ha experimentado.

Los que se envician a sustancias y a hábitos destructivos caen en un pozo muy profundo. No hay ninguna fórmula mágica para salir de ese pozo. No hay ninguna manera fácil de lograrlo. Simplemente tienen que reconocer que necesitan ayuda y hacer el esfuerzo de subir un poco más día tras día, sin nunca darse por vencidos. Usted nos ha dado la impresión de que está haciendo eso mismo. Siga adelante y no se desanime.

Usted dice que le remuerde la conciencia por el daño que le ha causado a su familia. Y dice que le ha pedido perdón a Dios. Muchos de los que tienen cargos de conciencia le ruegan a Dios que los perdone y le prometen que se conducirán mejor en el futuro. Entonces ¿por qué no desaparecen los cargos de conciencia? Usted le dio respuesta a esa pregunta cuando dijo: «Necesito verdaderamente encontrar a Dios.»

Encontrar a Dios no es lo mismo que gritarle desde lejos. Un verdadero encuentro con Él implica contacto personal mediante el cual uno llega a conocerlo y a comprender que Él ya lo conoce a uno. Muchos claman a Dios cuando necesitan algo, cuando sufren o cuando se sienten culpables. Pero en realidad no tienen planes de llegar a conocerlo ni de tener una relación personal con Él. El apóstol Juan nos da a entender que podemos alegar que somos amigos de Dios, pero que si no cultivamos una genuina relación con Él, estamos mintiendo. Y es en el contexto de esa relación personal que Dios, con todo gusto, nos perdonará y nos quitará esos cargos de conciencia. 1

De modo que sí debe pedirle a Dios que lo perdone. Pero luego lea la Biblia para ver qué le dice Él a modo de respuesta. Busque una iglesia donde se esmeran en enseñar la Biblia, a fin de aprender más acerca de lo que Dios espera de usted. Al acercársele a Él con toda sinceridad, y no sólo porque usted necesita algo, Él lo acompañará en su vida diaria y lo ayudará a medida que usted se esfuerza por salir de lo profundo de ese hoyo en que se encuentra. Él le dará nuevas fuerzas y renovada esperanza para el futuro.

Le deseamos lo mejor,

Carlos Rey y su esposa Linda
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1 1Jn 1:6‑9

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