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Caso 271

Soy una mujer de treinta y un años, felizmente casada. Tengo una hija adolescente de catorce años, y acabo de tener un niño [que ahora] tiene cinco meses. ¡Lo deseábamos muchísimo! Cuando supimos que era un niño, saltamos de felicidad. Pero el día del parto nos llevamos una gran sorpresa: nació con labio leporino y paladar hendido.

Sin poder entender por qué Dios lo envió de esa manera, he empezado a alejarme de Dios. Tengo miedo de lo que pueda pasar más adelante con mi hijo y mi familia.... Todo es muy confuso. ¿No se supone que las bendiciones de Dios son perfectas?

Consejo

Estimada amiga:

Lamentamos mucho la angustia que está sintiendo. El nacimiento de un hijo con discapacidad o deformidad casi siempre causa confusión emocional. No es de extrañarse que surjan interrogantes y que se sienta desconcertada. Nos alegramos de que nos haya consultado.

Para quienes no están familiarizados con el labio leporino y el paladar hendido, es importante hacer hincapié en que estas condiciones médicas pueden corregirse con una o más cirugías. Los que no cuentan con los recursos médicos o económicos para pagar por tales cirugías deben investigar a ver qué opciones humanitarias están a su alcance en su país. Con frecuencia los niños que padecen de esta condición reúnen los requisitos necesarios para recibir servicios médicos gratis o incluso tratamiento en el exterior, solventados por donaciones hechas a alguna organización establecida con ese fin. No se dé por vencida hasta encontrar los servicios médicos que su hijo necesita. Pregúntele a cada médico al que consulte, y pida ayuda de parte de las agencias médicas del gobierno. Busque hasta encontrar más opciones por Internet. Muchos no reciben lo que necesitan debido a que pierden la esperanza y ya no siguen buscando ayuda.

A Dios no lo ofende que lo cuestionemos. Sin embargo, es importante leer las Sagradas Escrituras a fin de hallar las respuestas a sus preguntas en cuanto a lo perfectas que son sus bendiciones divinas, y de encontrar ejemplos como los siguientes: Antes de llegar a ser un alto gobernante de Egipto, José fue vendido como esclavo por sus propios hermanos y luego fue a parar a una cárcel durante varios años por un delito que no cometió. Si hubiera querido quejarse y cuestionar a Dios sobre tal injusticia, habría tenido tiempo de sobra mientras estaba en la cárcel.1

Jonás oró al Señor desde el vientre de un enorme pez buscando su favor divino, y Dios le respondió.2 Daniel pudo haber dudado de Dios mientras miraba fijamente a los feroces leones en el foso al que fue arrojado, pero la confianza que tenía en los designios perfectos de Dios le dio la fe para seguir adelante con valor.3 El apóstol Pablo pasó mucho tiempo encarcelado, y pudo haber cuestionado a Dios, y sin embargo hizo todo lo contrario y lo alabó.4 Las Sagradas Escrituras están repletas de relatos de personas que no recibieron esas «bendiciones perfectas» sobre las que usted pregunta. Le recomendamos que lea la Biblia a fin de comprender ese concepto.

Dios no es nuestro asistente personal que se esfuerza para que todo sea de nuestro agrado. Pero sí tiene un plan perfecto mediante el que dispone todo para nuestro bien (y para el bien de su reino) cuando confiamos en Él.5 Tal vez nunca nos enteremos de las razones por las que Dios actúa de tal manera, pero la fe nos permite confiar en que Él sabe lo que nos conviene. La fe que acepta solamente las cosas buenas que Él nos da no es fe en absoluto.

Le deseamos paz tanto a usted como a su familia,

Linda
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1 Gn 37:12-36; 39:1–41:57
2 Jon 1:17–2:10
3 Dn 6:16-23
4 Hch 16:12-34; Fil 4:4-7
5 Ro 8:28

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