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Caso 10

Soy un ingeniero civil, casado hace quince años, y tengo una hermosa niña.... Después de tener un matrimonio feliz, siento que se está acabando [a causa] del desempleo.... Cada vez que no tengo contratos, se me avecina una crisis, pues mi esposa cambia totalmente y se vuelve autoritaria. La que paga las consecuencias es la niña, ya que [su madre] se vuelve agresiva y descarga todas esas energías negativas hacia nosotros....

Yo no soy un hombre mujeriego, [bebedor], ni vicioso; pero sí soy de carácter, y entro en choque con ella. Agradecería me diera luces de esperanza...

Consejo

Estimado amigo:

Lamentamos mucho la dificultad que ha tenido para conseguir empleo. El desempleo provoca tensiones que afectan severamente a toda la familia. Usted dice que su esposa «cambia totalmente», por lo que deducimos que normalmente ella es afable en su trato con usted y con su hija. La presión la está dominando a tal grado que se está portando de un modo extraño.

¡Le tenemos buenas noticias! Su esposa no ha cambiado por dentro. Es la misma mujer de la que usted se enamoró. Solamente le hace falta aprender a controlar su conducta y sus emociones. No es fácil, pero puede lograrlo, sobre todo si usted se dispone a ayudarla.

Busque un tiempo de calma en el que pueda conversar con su esposa cuando su hija no esté presente. Siéntese, tome la mano de ella y dígale cuánto la ama. Dígale que usted comprende que la presión está afectando a toda la familia, y que quiere que juntos busquen la solución. Pregúntele cómo piensa ella que la presión lo ha cambiado a usted. Escuche atentamente mientras ella habla, y no le interrumpa. Pregúntele cómo piensa ella que usted pudiera responder a esa presión de un modo más productivo. Escuche sus sugerencias y tómelas en consideración. Luego pídale que escuche mientras usted explica cómo el comportamiento de ella los ha afectado a usted y a su hija.

No invierta tiempo describiéndole cómo se porta ella sino cómo eso hace que usted se sienta. Dígale que usted va a esforzarse por tener muy buen carácter y evitar cualquier conflicto con ella, así que cuando se presente un ataque verbal de parte de ella, usted le pedirá a su hija que lo acompañe y saldrá con su hija del lugar del conflicto. De ser posible, usted llevará a su hija de paseo o jugará con ella sin hacerle ningún comentario en contra de su madre. Al salir de la habitación, usted no responderá a ningún ataque de parte de su esposa. Simplemente saldrá sin decir una sola palabra. Una vez que su esposa se haya calmado, usted regresará con su hija y se portará como si nada hubiera ocurrido.

Si usted es consecuente con este plan, su esposa pronto se dará cuenta de que no conseguirá lo que quiere si se porta de un modo agresivo. Ella podrá además identificar cómo y cuándo está respondiendo de un modo inadecuado para así poder cambiar su comportamiento. Su hija, a su vez, aprenderá que las discusiones acaloradas no son la manera de resolver la discordia. Y habrá más paz en su hogar. Al fin y al cabo, las luces de esperanza que le estamos ofreciendo dependen totalmente de usted.

No nos lo ha dicho específicamente, pero nos ha dado la impresión de que tanto a usted como a su esposa les cuesta trabajo controlar las palabras que se dicen. El apóstol Santiago nos da un sabio consejo con respecto a las palabras que se pronuncian a causa del enojo o de una descarga de agresividad. Él dice que la culpa de llevar a las personas a la ruina la tiene esa pequeña parte del cuerpo que llamamos la lengua. «También la lengua es un fuego, un mundo de maldad —advierte el apóstol—. Siendo uno de nuestros órganos, contamina todo el cuerpo y, encendida por el infierno, prende a su vez fuego a todo el curso de la vida.» 1

¿Permitirá usted que su lengua prenda fuego al curso de su vida? ¿O dará más bien ejemplo a su esposa y a su hija al dominar la lengua y evitar así la destrucción total que acarrea el fuego?

Le deseamos paz en su hogar,

Linda y Carlos Rey
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1 Stg 3:6

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