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Caso 365

Hace dos meses comencé a tener relaciones sexuales con mi novia. Sin embargo, me siento tentado a pagar por placer. Sé que ninguna de las dos cosas es correcta, porque ella y yo no estamos casados; pero no sé qué hacer. Quiero detener este impulso que me domina. Siento que me aleja más de Dios.

Consejo

Estimado amigo:

Hay muchos hombres que se identificarán con la situación en la que usted se encuentra, ya que todos los hombres en definitiva tienen, o han tenido, el mismo impulso sexual que usted describe. Sin embargo, la mayoría de los hombres no están dispuestos a correr el riesgo cuando se paga por ese placer. Tal vez usted haya decidido que está dispuesto a contraer una enfermedad venérea, pero es muy cruel exponer a su novia al riesgo de contraer una grave enfermedad. Si usted le tiene afecto alguno, no le hará eso.

¿Qué pasaría si su novia quedara embarazada? Usted puede tomar todas las precauciones que juzgue necesarias, pero muchas personas le advertirán que tales precauciones no siempre dan resultado. Así que el seguir teniendo relaciones sexuales con su novia bien pudiera comprometerlo a cuidar de un niño tanto emocional como económicamente durante los próximos dieciocho años o más.

Usted dice que quiere detener ese impulso que lo domina, pero el deseo sexual es algo que no puede detenerse. Sin embargo, usted no es una víctima indefensa sin poder alguno. Ese impulso sólo puede dominarlo cuando usted se lo permite. Así que tome control de su vida y su futuro. Escoja a un amigo que comprenda y apoye su deseo de cuidar su pureza sexual. Cuéntele acerca de las tentaciones que usted siente, y pídale que le haga rendirle cuentas de su conducta todos los días.

Deje de ir a los sitios donde ha tenido relaciones sexuales con su novia, y planee más bien actividades con otras parejas. Evite situaciones que lo lleven a la intimidad física. Si hace buenos planes y está resuelto a cumplirlos, puede dominar sus impulsos. El apóstol Pablo enseñó: «Antes ofrecían ustedes los miembros de su cuerpo para servir a la impureza, que lleva más y más a la maldad; ofrézcanlos ahora para servir a la justicia que lleva a la santidad.»1 El consejo de San Pablo es que pasemos tiempo en actividades saludables que son moralmente aceptables de modo que nos dominen esas cosas y no nuestros impulsos pecaminosos.

Tiene razón en cuanto a que las relaciones sexuales fuera del matrimonio nos alejan de Dios. Eso se debe a que Dios detesta todo pecado. Sin embargo, a pesar de que odia el pecado, Dios no odia a la persona que ha pecado. De hecho, Él nos ama a cada uno tanto que dio a su único Hijo Jesucristo para que muriera en la cruz por nuestros pecados, de modo que no tuviéramos que sufrir las consecuencias eternas. Si de veras está arrepentido por los pecados que ha cometido y le pide a Dios que lo perdone en el nombre de Cristo, Él lo hará. Pero es necesario que dé ciertos pasos para dejar de cometer los mismos pecados vez tras vez. Si cultiva una relación personal con Cristo, y le da prioridad todos los días, le será más fácil resistir la tentación.

Le deseamos lo mejor,

Linda
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1 Ro 6:19b

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