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Caso 470

[Luego de unos diez] años de novia del que es mi esposo ... nos casamos, pero empecé a vivir un infierno. [Él salía,] y llegaba borracho al otro día. Después me enteré de sus infidelidades, y me le enfrenté.... Se fue de la casa, pero empezó a llamarme todos los días.... Me pidió perdón y dijo que quería volver [porque] se dio cuenta de que nos amaba a nuestro hijo y a mí.... [Llevamos] un año así con su cambio y esfuerzo de ser buen esposo.

El problema es que algo no está bien.... Nuestra relación es de respeto, pero no tenemos una vida normal de pareja porque él siempre está cansado. ¿Es normal vivir en pareja de esa manera?

Consejo

Estimada amiga:

Los felicitamos a usted y a su esposo por haber afrontado tantos problemas con éxito. Han reconocido que les conviene a todos permanecer juntos. Aunque es difícil, su matrimonio puede mejorar.

La cualidad más importante de un buen matrimonio es la amistad. El ser amigos exige que los dos se escuchen y se apoyen. Usted dice que se respetan mutuamente. ¿Es él su mejor amigo? ¿Lo escucha usted a él, y la escucha él a usted? ¿Siente que a él le importa cuando usted le dice lo que está sintiendo, y lo apoya usted a él cuando él le dice lo que está pensando y sintiendo? Cuando hay buena comunicación, pueden hablar acerca de los otros asuntos que causan conflictos entre los dos.

Muchas películas y novelas dan la impresión de que las buenas relaciones siempre se distinguen por una fuerte atracción física y al parecer horas interminables de íntimo contacto físico. Si cometemos el error de comparar nuestra propia experiencia con la fantasía de esas películas y novelas, entonces es probable que consideremos deficientes nuestras propias relaciones. La realidad casi nunca supera o iguala la fantasía.

El matrimonio puede ser muy satisfactorio. Podemos llegar a ser mejores personas cuando nos casamos con alguien a quien amamos y respetamos. Pero aun así no quiere decir que sea fácil lograrlo. Un buen matrimonio exige una entrega total y mucho esfuerzo. Para que dos personas se fundan en una sola, tal como Dios quiso que fuera el matrimonio, pasarán años resolviendo conflictos y cada uno sacrificando un poco por el bien de su relación conyugal.

La intimidad física en el matrimonio es óptima cuando es producto de dos personas que trabajan juntas, planean juntas, se divierten juntas y disfrutan de la vida juntas. Pero es muy común que el trabajo, las responsabilidades y el estrés desplacen las expresiones físicas de amor. Las parejas a quienes les pasa esto tienen que hablar al respecto y hacer planes para darle prioridad a la intimidad. A veces, debido a las circunstancias, uno de los dos o ambos tienen que decidir que van a ejercer paciencia y comprensión por determinado tiempo. Si no pueden llegar a un acuerdo, recomendamos que acudan a un consejero matrimonial.

A los que piensan equivocadamente que Dios está en contra de las relaciones sexuales les pudiera sorprender el enterarse de que el apóstol Pablo, al hablarles a los cónyuges acerca de esas relaciones, enseñó: «No se nieguen el uno al otro, a no ser de común acuerdo, y solo por un tiempo».1 Esa enseñanza de San Pablo nos recuerda que Dios mismo diseñó la intimidad sexual de modo que fuera parte integral de un buen matrimonio.

Le deseamos lo mejor,

Linda
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1 1Co 7:5

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