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Caso 279

Tengo trece años de casada y tengo una hija de ocho años. Hace nueve años la madre de mi esposo se fue a vivir a nuestra casa (él es hijo único). Ahí vivíamos en alquiler, y teníamos habitaciones suficientes para los cuatro.

Hace año y medio se nos presentó la oportunidad de comprar una casa, pero sólo tiene dos habitaciones. Para poder resolverlo, mi esposo duerme en una habitación con su madre, y yo con mi hija en la otra habitación, situación que me ha molestado sobremanera y ha generado un conflicto entre mi esposo y yo.

Le he pedido a mi esposo que se vaya con su mamá a otro lugar para bajar la tensión familiar, pero me temo que esa no sea la solución. Por favor, ¿qué puedo hacer?

Consejo

Estimada amiga:

Hace año y medio, usted y su esposo decidieron darle más importancia a su casa que a su matrimonio, y ahora están experimentando los resultados de tan imprudente decisión. Siempre que le damos mayor importancia a las cosas materiales que a las relaciones humanas, sufrimos las consecuencias. Es obvio que sus deseos de tener casa propia eran tan grandes que estaban dispuestos a sacrificar su matrimonio para obtenerla.

Si a ustedes dos no les alcanza el dinero para una casa con tres habitaciones, ¿con qué va su esposo a poder sufragar los gastos de otra casa en la que viva con la madre de él? ¿Cómo es que esa solución pudiera reducir el estrés en la familia si la familia ya no estaría ni siquiera viviendo en la misma casa?

Aunque usted no lo dice, sin lugar a dudas hay problemas serios entre usted y su esposo o de lo contrario jamás hubieran decidido dormir en diferentes habitaciones. Y al parecer es difícil llevarse bien con su suegra, pues si no fuera así, ella podría compartir la habitación con su hija. ¿Está su suegra de acuerdo con que usted y su esposo duerman separados?

No le conviene a nadie que su esposo y la madre de él, en lugar de usted, duerman en la misma habitación. Eso hace que él sea susceptible a la tentación de una relación ilícita. Y hace que se convierta en aliado de la madre y no de usted. Por eso la Biblia dice claramente que el hombre debe dejar a su padre y a su madre y unirse a su esposa.1 Cuando se hace caso omiso de esa importante pauta, cualquiera que sea la razón, sufre el matrimonio. En el caso suyo, es obvio que la separación física es indicio de que la unidad emocional entre ustedes también se ha visto afectada.

Durante una etapa de la familia que formamos mi esposo y yo, no había suficientes habitaciones en la casa debido a que habíamos adoptado a dos hijos más. Lo que hicimos fue poner una mampara y convertimos la sala en otra habitación. Otros dividen una habitación en dos mucho más pequeñas. Y otros hacen que alguien duerma en el sofá y tenga un armario para la ropa. Hay muchas maneras creativas de resolver el problema sin tener que recurrir al arreglo que han hecho ustedes.

Si los dos le piden a Dios en oración que les ayude, Él puede darles ideas de cómo cambiar los sitios en que cada uno está durmiendo y cómo mejorar sus relaciones conyugales. Cuando le damos a Dios el primer lugar en nuestra vida, Él nos ayuda a tomar decisiones sabias para evitar tales dificultades.

Le deseamos lo mejor,

Linda
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1 Gn 2:24

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