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Caso 20

Soy única hija. Mi padre murió hace siete años, y en la actualidad vivo con mi madre, mi esposo y mis dos hijos mayores de edad.

El problema que tengo es que desde que me casé hace veintidós años mi madre no tolera a mi esposo, y siempre ha querido controlar todo lo que yo hago o hacen mis hijos. En la casa no se puede hacer algo sin que ella lo autorice, e incluso desde que murió mi padre ha sido peor porque yo no puedo llevar una vida normal de matrimonio.... Tengo que dormir todas las noches en el mismo cuarto de ella, porque siempre piensa que le puede pasar algo....

A veces me dan ganas de irme a otro lugar con mi esposo e hijos, pero pienso en que soy su única hija y no tiene a nadie más quien vea por ella.... Les agradecería su consejo.

Consejo

Querida amiga:

¡Usted se encuentra en una encrucijada entre dos principios bíblicos! Está tratando de cumplir el mandamiento que dice que debe honrar a su madre, 1 y a la vez tratando de seguir las instrucciones específicas de Dios que dicen que debe dejar a su padre y a su madre y unirse a su cónyuge, de modo que los dos se fundan en un solo ser. 2 Cuando su madre exige tanto de usted, al extremo de insistir en que usted se quede con ella hasta para dormir, es como si ella la estuviera obligando a usted a desobedecer a Dios de todos modos. Si no la complace, usted piensa que no la está honrando. Y si usted no hace lo que quiere su esposo, no está siguiendo las instrucciones de Dios en cuanto al matrimonio. ¡Con razón que nos está pidiendo consejo!

En primer lugar, la felicitamos por el esposo que tiene. ¡No cabe dude de que él es el hombre más comprensivo y compasivo del mundo! Muy pocos hombres hubieran permanecido casados con un matrimonio como el que usted nos describe. ¡Pero él no merece que se le trate así!

Es posible que haya sido por razones económicas que, después de casarse, se quedara usted viviendo en la casa de sus padres, o tal vez lo hiciera porque quería cuidarlos. Pero según nos lo ha descrito, esto no ha tenido un resultado favorable para nadie en su familia. Todos ustedes se han convertido en rehenes de su mamá y de sus exigencias y expectativas poco realistas. ¡Para honrarla, no es necesario que usted viva con ella, ni que toda su familia tenga que someterse a sus caprichos, ni mucho menos que usted se vea obligada a dormir en la habitación con ella y no con su esposo!

El amor que usted le tiene a su mamá y su deseo de cuidarla la han llevado a tomar algunas decisiones imprudentes. Menos mal que no es demasiado tarde para arreglar la situación. Es muy importante que usted y su esposo se muden a un lugar que escojan ustedes dos, donde sólo usted y su esposo tomen las decisiones y nadie tenga que recibir la aprobación de su mamá. Ya es hora de que usted «deje» a su madre, tal como la Biblia claramente dice que debe hacerlo. 3

A su mamá no le gustará esa decisión. Es probable que ella arme tremendo alboroto y hasta es posible que simule que le da un infarto a fin de provocar que usted cambie de parecer. Ella dirá todo lo que se le ocurra para hacer que usted se sienta culpable y que se arrepienta de su decisión. Le amargará la existencia durante varios días. Pero ¡manténgase firme! Sea respetuosa con ella al contestarle. No diga nada que tenga que lamentar más tarde. Llámela por teléfono todos los días, aun cuando ella sólo tenga cosas malas que decirle a usted. Visítela con frecuencia (pero no obligue a su esposo a que la acompañe). Así es como debe honrarla.

Es posible que su mamá logre sustituirlos a ustedes con otras personas, ya sea que consiga a una señora sola o a unos inquilinos confiables que de cierto modo ayuden a cuidarla y a cubrir los gastos. En todo caso, ella también necesita terapia profesional que la ayude a vencer sus temores. Es evidente que tiene problemas emocionales muy serios, y si usted sigue durmiendo en la habitación de ella después de siete largos años, con eso impedirá que ella reciba la ayuda que con urgencia necesita.

Luego de que su mamá reciba esa terapia y de que su familia tenga ya determinado tiempo de haber vivido sin ella en la misma casa, pudiera llegar el día en que ella volviera a vivir con ustedes. Pero tendría que ser en la casa de usted y no en la de ella. La casa de ella es el símbolo del dominio que ha ejercido sobre usted. De ningún modo deben usted y su esposo y sus hijos volver a vivir allí juntos con ella, a no ser que estén dispuestos a someterse a las condiciones que ella les imponga, como lo han hecho hasta ahora.

Es posible que otra razón por la que usted ha seguido viviendo en la casa de su mamá durante tanto tiempo sea para no perder la herencia que ella pueda dejarle. Sin embargo, si con eso arruina su matrimonio, ¿de qué le servirá una casa? ¿De veras vale la pena eso?

¡Apresúrese! ¡Esto lo debió haber hecho hace veintidós años!

Carlos Rey y su esposa Linda
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1 Éx 20:12
2 Gn 2:24
3 Íbid.

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