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Caso de la Semana

En mi país hay conflictos.... Veo la injusticia y, aunque clamo a Dios, lloro porque veo que los malos son justificados por lo que hacen y los buenos son apresados, privados de sus derechos, y huyen del país. Mi corazón desfallece, y lloro por lo que pasa: por las muertes, por los secuestros. Yo quiero que Dios intervenga en mi nación, pero ya no sé cómo esperar ante la injusticia. Ayúdenme y díganme cómo hacer, porque somos muchos los que nos sentimos así.

Consejo

Estimado amigo:

Es en extremo desalentadora la situación en que se encuentra. Comprendemos perfectamente que hay multitudes de personas que tienen las mismas preguntas, no sólo en el país suyo sino también en muchos otros. Además de la represión y del terrorismo en países alrededor del mundo, no debemos olvidar los lugares donde a las personas en masa se les ha obligado a abandonar su casa y a convertirse en refugiados en campamentos en naciones vecinas. A veces parece que hay un caos en todo el mundo. Sin lugar a dudas, es una crisis. ¿Acaso le importa esto a Dios?

Cuando oigo esa pregunta, me hace pensar en todo el plan de Dios como nos lo revela la Biblia. Dios no creó a la humanidad para que cometiera semejantes barbaridades el uno contra el otro, sino que nos creó a cada uno con libre albedrío. Somos nosotros quienes decidimos cómo hemos de actuar, a quiénes vamos a ayudar o a perjudicar, y cuáles han de ser nuestros valores.

Lamentablemente, esas decisiones afectan a los demás, y en el mundo actual es fácil ver las consecuencias que muchos han acarreado debido a lo que han decidido hacer los que ejercen el poder en sus respectivos países, o quienes han usurpado ese poder. La avaricia y el egoísmo que los mueve pasan por alto el amor y el plan que Dios tiene para cada uno de nosotros.

Sin embargo, uno de los pasajes más conocidos de la Biblia nos da esperanza. Juan 3:16 dice que Dios nos amó a tal extremo que sacrificó a su único Hijo para que todos los que crean en Él puedan tener vida eterna.

Las bendiciones que conlleva esa vida eterna no son para esta vida. Aprendemos en la Biblia que los apóstoles mismos de Jesucristo vivieron en tiempos y circunstancias con muchas dificultades. Casi todos ellos hasta llegaron a ser mártires por su fe. En este mundo nunca estuvieron exentos de pruebas, pero confiaron en Dios y afrontaron la muerte con la promesa de vida eterna en el cielo.

Las circunstancias actuales pudieran ser las peores imaginables, pero varias décadas de vivir en este mundo no se comparan con vivir en el cielo por toda la eternidad. Pídale a Dios que le dé sabiduría y paz para hoy, y crea en Él para asegurar esa vida eterna en el futuro. Cultive una íntima relación con Dios, y Él le dará la misma esperanza y el mismo consuelo que tuvieron los discípulos de Cristo.

Le deseamos la paz perfecta de Dios,

Linda

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