10 abr 2018

La fe del carbonero

por Carlos Rey

Cuentan que una vez el diablo se disfrazó de universitario y se puso a conversar con un carbonero español. Al preguntarle el diablo el contenido de su fe, el carbonero le respondió: «Yo creo todo lo que cree la Iglesia.» El tentador insistió: «¿Y qué es lo que cree la Iglesia?» Ante esto el buen cristiano, ni tonto ni perezoso, le contestó: «Ella cree todo lo que creo yo.» Con esa respuesta, comenta el filósofo Gonzalo Soto Posada, el carbonero dejó al diablo «con las patas lavadas». De allí el refrán que dice: «Busco la fe del carbonero.»1

Hay quienes piensan que es imposible ejercer esa fe natural y firme de la gente sencilla, es decir, fe que no requiere pruebas ni argumentos. Lo que pasan por alto es que todos hacemos uso de la fe más elemental en nuestros quehaceres cotidianos, y ni nos damos cuenta. Por ejemplo, los choferes a menudo se ven obligados a conducir su vehículo guiados exclusivamente por uno o dos espejos. Lo hacen en algunos casos para dar marcha atrás, y en otros para unirse a la circulación de vehículos que van en la misma dirección. Debido a ciertos obstáculos, no pueden depender de su vista de modo directo, sino sólo de lo que les indica el espejo. En esas circunstancias, ponen toda su fe en la integridad del espejo. Y cuanto más se acostumbran a usarlo, más confían en él. No es cuestión de que tengan o no tengan fe, sino de su disposición a usar la fe que Dios les ha dado.

No hay duda de que la fe en Dios funciona de la misma manera. En la Biblia se define esa fe como «la certeza de lo que no se ve».2 Por eso es necesario confiar en la integridad de Dios, que no se ve, pero en quien vemos reflejada nuestra naturaleza como si fuera un espejo. ¿Acaso no hemos sido creados a imagen y semejanza suya? Cuanto más nos acostumbramos a mirarnos en ese Espejo Divino, más confiamos en Él, que es íntegro por naturaleza.

San Pablo da por sentado que Dios nos ha dado a todos una medida de fe.3 En vez de pensar que es imposible ejercer esa medida de fe, debemos más bien reconocer que lo que de veras es imposible es agradar a Dios sin fe, «ya que cualquiera que se acerca a Dios tiene que creer que él existe y que recompensa a quienes lo buscan».4 Más vale que busquemos la fe del carbonero. Sólo así podremos buscar a Dios y recibir la recompensa del perdón de pecados en la tierra y la vida eterna que lo acompaña.


1 Gonzalo Soto Posada, Filosofía de los refranes populares, 2a ed. (Bogotá: Editorial Universidad Pontificia Bolivariana, 1994), p. 285.
2 Heb 11:1
3 Ro 12:3
4 Heb 11:6