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(75 Aniversario de la Condena a Muerte de Julius y Ethel Rosenberg por Espionaje) Cuando Julius y Ethel Rosenberg se casaron en 1939, los dos ya eran miembros activos del Partido Comunista de los Estados Unidos de América. Pero a nadie se le hubiera ocurrido que llegarían a ser los primeros civiles de su país condenados a muerte por espionaje, y los primeros en ser sancionados por ese delito en tiempos de paz. La Segunda Guerra Mundial, que estalló el mismo año en que se casaron, ya había dado paso a la Guerra Fría cuando fueron arrestados y acusados de ser espías de la Unión Soviética en 1950. El proceso judicial contra los esposos Rosenberg comenzó el 6 de marzo de 1951. Causó gran sensación en todo el mundo, pues se les acusó de divulgar secretos incluso sobre armas nucleares. Un mes más tarde, el 5 de abril, luego de ser hallados culpables y de optar por no decir nada en su defensa, el juez Irving Kaufman, antes de imponerles a ambos la pena de muerte, emitió el siguiente juicio personal: «Yo considero que su delito es peor que el homicidio.... Estoy convencido, sin duda alguna, de que son culpables. He investigado los antecedentes legales y he examinado mi conciencia a fin de hallar alguna razón para conceder misericordia, ya que lo humano es ser misericordioso y es natural tratar de salvar vidas. Sin embargo, estoy convencido de que violaría la confianza solemne y sagrada que el pueblo de esta nación ha depositado en mis manos si yo mostrara indulgencia a [estos] acusados.... Yo no tengo la facultad, Julius y Ethel Rosenberg, de perdonarlos. Sólo Dios puede conceder misericordia para lo que ustedes han hecho.»1 Durante los siguientes dos años, el fallo fue apelado ante los altos tribunales y también fue analizado ampliamente por el tribunal de la opinión pública internacional. Uno de los factores en tela de juicio era la presunta imparcialidad del juez Kaufman por haber considerado que eran culpables de un «delito peor que el homicidio». La Corte Suprema de Justicia atendió siete recursos de apelación, pero fueron denegados los siete. Y tanto el presidente Harry Truman como el presidente Dwight Eisenhower denegaron las peticiones de clemencia presidencial. Ante el fracaso de una campaña a nivel mundial que pedía misericordia en su favor, los esposos Rosenberg fueron ejecutados en la Prisión Sing Sing de Nueva York el 19 de junio de 1953. Así como a los espías Rosenberg, también a cada uno de nosotros se nos ha hallado culpable de un delito que lleva la condena de muerte. Ese delito es el pecado. Pero Dios, el presidente sobre todos los presidentes del mundo, consciente de que lo que necesitamos es misericordia y no justicia, envió a su Hijo Jesucristo al mundo para que muriera en nuestro lugar. Ahora, con base en esa expiación de nuestro pecado, Él nos ofrece su perdón divino y, en vez de una condena de muerte, la vida eterna.2 Así que no tenemos que esperar, como los Rosenberg, a que se nos dicte sentencia. Podemos, más bien, anticiparnos al día del Juicio Final, pidiéndole a Dios perdón hoy mismo y recibiendo así su misericordia divina.3 |
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