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En este mensaje tratamos el siguiente caso de una mujer que «descargó su conciencia» de manera anónima en nuestro sitio www.conciencia.net, autorizándonos a que la citáramos: «Yo servía a Dios con mucho anhelo desde muy pequeña, pero cuando ingresé a la universidad mi relación con Dios se fue acabando poco a poco. Entre otras cosas, cometí inmoralidad sexual. »Hace poco regresé a los caminos de Dios y le pedí perdón de corazón, pero lo que hice me persigue.... Siento una gran culpa y que no soy digna de ir a la iglesia o decir que soy seguidora de Cristo.... No sé qué hacer. Nunca he hablado de este tema con nadie. Espero que pueda darme un consejo.» Este es el consejo que le dio mi esposa: «Estimada amiga: »Como usted probablemente sabe, muchos jóvenes toman decisiones imprudentes durante sus años de estudio universitario. Es una etapa en la que por fin han dejado de estar bajo la supervisión de sus padres y pueden tomar algunas decisiones por su propia cuenta. Sin embargo, también es la etapa en la que su cerebro no está completamente desarrollado, por lo que no están del todo preparados para considerar las consecuencias que resultarán de las decisiones que toman. »Los estudiantes universitarios que bien pudieron haber sido seguidores de Cristo por muchos años se ven confrontados... con diversas filosofías y estilos de vida.... Con frecuencia la enseñanza de los profesores consiste de sus propias opiniones y puntos de vista, incluso cuando éstos no forman parte de la materia. »El hecho de que usted se desvió del camino y dejó de seguir a Cristo es lamentable, pero lo cierto es que ¡regresó! ¡Estaba perdida, pero ahora está a salvo! El apóstol Pablo enseñó que “todo el que pertenece a Cristo se ha convertido en una persona nueva. La vida antigua ha pasado; ¡una nueva vida ha comenzado!”1 »Usted no es la misma joven que tomó ese desvío. Cuando pidió perdón en el nombre de Jesucristo, el Hijo de Dios, Él no sólo la perdonó sino que la limpió de todo pecado. Ha sido borrado tal como se borra lo escrito en una pizarra. »Todos somos pecadores. Ninguno de nosotros merece ser llamado seguidor o seguidora de Cristo. No hay ninguna diferencia entre usted y yo. ¡Ambos hemos sido perdonados! No malgaste ni un solo momento más tratando de examinar lo que estaba escrito pero luego fue borrado de la pizarra. »Cuando usted asista a la iglesia o se encuentre con otros seguidores de Cristo, no dude en reconocer que se desvió del camino por un tiempo. Lo que importa de su historia no es lo perdida que se encontraba, sino el hecho de que Dios la encontró, la perdonó y la convirtió en una persona nueva.» Con eso termina lo que Linda, mi esposa, recomienda en este caso. El caso completo puede leerse con sólo pulsar la pestaña en www.conciencia.net que dice: «Casos», y luego buscar el Caso 876. |
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