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Caso de la Semana

[Desde hace unos días estoy sintiendo el trato injusto que me dan en mi trabajo. Se han tomado varias decisiones laborales que me perjudican, las cuales creo que se deben a que respondí con franqueza, y de manera negativa, a una encuesta sobre el desempeño de mi jefe en su comunicación conmigo.]

[He sido un buen trabajador, nunca falto a mi trabajo, y hasta he dejado de cobrar horas extras. Siempre he hecho mi trabajo con esmero y dedicación. Pero ahora estoy muy preocupado porque tengo miedo de que me trasladen a otra provincia. Necesito consejo de parte de ustedes.]

Consejo

Estimado amigo:

Lo felicitamos por trabajar con tanto esmero y dedicación, y comprendemos su preocupación por las consecuencias de haber sido sincero en una encuesta acerca de su jefe. Si el mundo fuera perfecto, no se le castigaría simplemente por decir la verdad. Pero el mundo en que vivimos no es perfecto, y a veces la sinceridad acarrea consecuencias negativas.  A veces se debe a una administración corrupta, y otras veces a que los supervisores carecen de confianza en sí mismos. Sin embargo, si usted se expresó con respeto y lo hizo con motivos honrados, entonces no tiene nada de qué avergonzarse.

A nosotros se nos pide con frecuencia que evaluemos determinados productos o servicios que hemos recibido. Cuando las encuestas son anónimas y no pretenden obtener más información que la que piden, esas evaluaciones pueden ser muy útiles para los consumidores y para las empresas.

En el caso suyo no es cuestión de quién tiene la razón. Como usted da a entender que ya es honrado en todo, no podemos darle ningún otro consejo específico basado en los principios bíblicos. Sin embargo, sí podemos asegurarle de que hay una manera de dejar de vivir con tanto temor y ansiedad.

Hemos constatado que cuando nos ponemos en las manos de Dios y le encomendamos nuestra vida misma, Él siempre tiene un plan para nosotros, incluso cuando no es lo que hubiéramos esperado. Ha habido muchas veces en nuestra vida cuando nos ha tocado trasladarnos a lugares geográficos que nunca hubiéramos imaginado. Pero cada vez, al mirar atrás, hemos podido ver que Dios estaba actuando sin que nos diéramos cuenta y que el cambio de domicilio nos favoreció de una manera u otra.

Con eso no queremos decir que confiar en Dios es como una píldora mágica que hace que desaparezcan todos nuestros problemas. Si fuera así, todo el mundo tomaría esa píldora mágica para obtener esos resultados. Confiar en Dios es, más bien, aceptar el hecho de que Él nos ama y que siempre nos cuidará en cualquiera que sea la situación. Si bien no merecemos el perdón por todas las maneras en que hemos pecado, Dios nos perdonará debido a que su Hijo Jesucristo pagó el castigo por todo nuestro pecado al morir en la cruz. Una vez que aceptamos el perdón que nos ofrece y lo hacemos Señor de nuestra vida, podemos experimentar vida plena a pesar de nuestras circunstancias.

Le deseamos lo mejor,

Linda

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