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Caso de la Semana

Tengo un solo hijo de veinte años.... Es muy rebelde.... Abandonó tres veces la universidad, desilusionándonos y haciéndonos perder dinero. Prefiere las malas amistades y los vicios, y en una oportunidad incluso llegó a golpearme. Él ha hecho que mi esposo y yo le tengamos mucho miedo. Yo llegué al extremo de no poder comer ni dormir por tanta angustia y preocupación.

Mi esposo llegó al punto de lavarle la ropa y prepararle comida (yo no volví a hacerlo, por ser tan grosero conmigo). Finalmente... tomé la decisión de irme de la casa y dejarlo con el papá... pues le tengo miedo a mi hijo, y nunca me sentí respaldada por mi esposo.

Consejo

Estimada amiga:

¡Qué situación tan terrible! Su esposo tiene tanto temor de perder a su hijo que ha permitido que el joven establezca todas las reglas y gobierne el hogar.

¡Un joven de veinte años debe lavar su propia ropa! El hecho de que su esposo esté lavándole la ropa es prueba contundente de que el padre ha permitido que la emoción del temor abrume por completo su capacidad de razonar.

Cuando un hijo llega a ser adulto, las obligaciones de los padres deben cambiar. Los padres que cuentan con los recursos económicos pueden optar por seguir sustentando a un hijo adulto que continúe estudiando en una universidad o una escuela técnica. Pero cuando un hijo adulto decide no estudiar, con eso termina la responsabilidad ética y económica de los padres. El hijo adulto debe trabajar para sustentarse o afrontar las consecuencias de no hacerlo. Cuando no afronta las consecuencias negativas por no cuidar de sí mismo, el hijo adulto no madura como es debido.

Sin embargo, hay estudios que han demostrado que a veces la parte del cerebro que toma decisiones no está completamente desarrollada hasta que la persona tiene entre veinte y veintitrés años. La corteza frontal es la región del cerebro que controla el razonamiento y nos ayuda a pensar antes de actuar, y aún está madurando durante esos años. Por lo tanto, los jóvenes adultos se portan con frecuencia conforme a sus emociones e impulsos en vez de su razonamiento lógico.1 La conducta de su hijo en definitiva parece indicar que su corteza frontal aún no ha madurado.

No obstante, ese componente biológico no justifica la falta de respeto ni la violencia. Los hijos deben rendir cuentas por su conducta sin que importe la edad, o de lo contrario nunca aprenderán a ser adultos responsables. Cuando su esposo permite que se porte de un modo inapropiado sin afrontar ninguna consecuencia negativa, su hijo aprende a dominar a través de la manipulación y del temor.

Este tipo de situación se da en muchos hogares debido al hecho de que los padres se equivocan al ceder ante las exigencias irracionales de sus hijos que son adolescentes o que ya son jóvenes adultos. Los padres creen que hacen lo correcto, hasta el día en que comprenden que ya el hijo o la hija controla el hogar.

Como su esposo y usted no están de acuerdo, sólo usted puede decidir lo que debe hacer ahora. Estamos de acuerdo en que usted debe vivir donde se sienta segura. Y estamos de acuerdo en que los padres deben tratar la violencia de parte de su propio hijo del mismo modo que tratarían esa misma violencia perpetrada por un desconocido. Y por último, creemos que los padres deben obligar a un hijo adulto violento a que abandone el hogar, aun cuando sea necesario cambiar los cerrojos de las puertas para que no pueda volver a entrar.

Le deseamos lo mejor,

Linda
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1 “The Teen Brain: Behavior, Problem Solving, and Decision Making”, Facts for Families No. 95, American Academy of Child and Adolescent Psychiatry, December 2011<https://www.aacap.org/App_Themes/AACAP/docs/facts_for_families/ 95_the_teen_brain_behavior_problem_solving_and_decision_making.pdf> Online 7 October 2019.

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