- Respete. El respeto,
que no se demanda sino que se gana, necesita ser mutuo. Los hijos
respetarán a los padres que les muestren respeto. Obedecer es reconocer la
autoridad. La obediencia conduce directamente al amor y al respeto. A los
padres que deseen mejorar la relación que tienen con sus hijos, en vez de
señalar constantemente
sus errores, faltas e ineptitudes,
les conviene estudiar sus dones, talentos, habilidades e intereses a fin de
ayudarles a realizar sus
sueños.
- Escuche. El elemento
clave de la buena comunicación es saber escuchar y así ganarse el
privilegio de ser escuchado. No es simplemente oír lo que la otra persona
dice, sino prestar atención con el deseo de comprenderla.
- Diga siempre la verdad,
pero con amor, para que sea edificante y no destructiva. Así inspirará
confianza que no puede faltar en una buena relación.
- Reconozca cuando ha
cometido un error, una falta o una ofensa, y pida perdón.
- Cuando se trate de buscar un
acercamiento, no espere a que la otra persona tome la iniciativa;
tómela usted más bien. Lo más probable es que la otra persona no sólo
esté esperando sino deseando de todo corazón que usted la busque.
Debido a que el sacrificarnos
por los demás no está en nuestra naturaleza, las relaciones humanas se nos
hacen difíciles, sobre todo en el hogar. Sin embargo, Dios nos ofrece una
respuesta por medio de su Hijo Jesucristo. Él puede y quiere traer la
sanidad que nuestra vida y nuestro hogar tanto necesitan. ¡Cristo es la
respuesta!
El
maltrato físico y verbal en el matrimonio y con los hijos...