13 sep 10

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de nuestro puño y letra
«Buscando un futuro mejor»
por Carlos Rey

Aral: (Acercándose cariñosamente) ¿Y para mí no hay un poquito de café?

Negradelalma: Como todos los días... (Pícaramente) Calientito y dulzón...

Aral: (Suspirando) ¡Negradelalma!... ¡Cómo me gusta decir ese nombre!... Negra... Alguna vez... ¿alguien te hizo daño, verdad? Yo puedo ser un padre para tu hija. Los hijos necesitan tener un papá en la casa.

Negradelalma: Eso me decía el otro, pero un día encontró otra mujer y se olvidó de mujer y de hija... ¡Hasta no verte, Cristo mío!

Aral: Porque a mí me dejó una mujer, yo no voy a pensar que todas son iguales.

. . . . . . . . . . .

Aral: ... Negra, fíjate, mis padres vinieron de Jamaica a trabajar en el Canal y sufrieron mucho porque eran puestos a un lado. Como eran negros, no podían entrar a todos los sitios y tampoco ganaban igual, aun cuando trabajaban más.

Negradelalma: Y ellos... ¿protestaban?

Aral: Si lo hicieran...; pero las cosas eran peores que ahora. Esta es una larga lucha, negra. (Nostálgico)  ¿Ves esa silla en la que estás sentada? Fue de mi abuela. La quise mucho, y también la vi llorar muchas veces. Me contó de su tierra, de todo lo que dejó allá... ¿Y este saxo? Nunca aprendí música, sólo unas canciones que me enseñó el abuelo... Ese sí era un artista completo, no un obrero... Por las noches me dormía escuchando ese saxo. Llegó acá buscando un futuro mejor...

Negradelalma: (Conmovida) Eres un hombre bueno, Aral. (Enseñándole las manos) Yo también me vine del Darién para darles un futuro mejor a mi hija y a mi sobrino. (Le muestra las manos.) ¿Ves estas manos? Por ellas pasó toda la lejía del mundo, todo el cloro, todo el cansancio; no han tenido vacaciones... Están achurraditas. Así tengo el corazón, Aral; si no... otro gallo cantaría. (Se levanta y le da un beso en la mejilla.)1

Con este diálogo de las escenas uno y tres del drama titulado Sucedió en enero, la periodista panameña Mireya Hernández logra que simpaticemos con dos de sus personajes principales. Afortunadamente para nosotros, la autora pudo, a base de mucho esfuerzo, someter la obra teatral al Concurso Nacional de Literatura Ricardo Miró en 2006. Ya había sido premiada en años anteriores en la categoría teatro en dos ocasiones, así como en el género novela en una ocasión, y esta vez volvió a adjudicarse el Premio Teatro. Lamentablemente falleció, víctima de la enfermedad contra la que había luchado con valor y tenacidad, apenas una semana después de haber recibido el premio.2

En esta última obra de teatro de Mireya Hernández, ¡qué triste que Negradelalma, que tantas penurias ha sufrido en la vida, tenga el corazón tan «achurradito» como las manos! Es tal su resignación que opta por no disfrutar del placer de corresponder a las insinuaciones amorosas de Aral, tal vez el único hombre que pudo haberla hecho feliz. Y si bien Aral tiene toda la razón cuando afirma que no son iguales de malas todas las personas, lo cierto es que, a los ojos de Dios, todos somos iguales, creados a su imagen y semejanza divina.3 Más vale que, a diferencia de la sociedad de aquel entonces, en la que a muchos se les menospreciaba y maltrataba por considerarse que no eran iguales, todos determinemos que, en lo que resta de nuestra vida, no volveremos a darle cabida a semejante concepto en nuestra familia ni en la sociedad actual.


1 Mireya Hernández, Sucedió en enero (Panamá: Editorial Mariano Arosemena, INAC, 2007), pp. 9,10,26,27.
2 Emma Gómez, «El Concurso Nacional de Literatura Ricardo Miró 2006», Tragaluz Panamá, Actualidad, Año 1, No. 4 <http://www.tragaluzpanama.com/04/actualida/actualidad_04.html> En línea 23 abril 2010.
3 Gn 1:26; 5:1; Nm 15:15; Job 33:6; Gá 3:28