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Caso 12

Soy una joven de veintitrés años. Tengo un niño de tres, pero nos [separamos del] padre. No recibo ayuda de su parte, y a raíz de eso tomé una actitud desagradable. Me he acostado con cuatro hombres diferentes en menos de un año. Estoy desesperada; no sé qué hacer, porque no quiero seguir así. ¿Qué me aconseja?

Consejo

Estimada amiga:

La felicitamos por haber evaluado la forma en que se ha estado portando y por haber decidido que no quiere seguir actuando así. Ese es el primer paso para tener una vida más feliz para usted y una vida mejor para su hijo. Muchas personas continúan en las mismas actividades destructivas sin pensar jamás en las consecuencias; en cambio, usted ha reconocido algunas de las consecuencias negativas y ha decidido cambiar su manera de actuar. Pero para lograrlo necesitará cambiar también su manera de pensar.

Al contarnos su caso, usted le echa la culpa al padre de su hijo por no darle nada para su sustento y por consiguiente hacer que usted se acueste con otros hombres. Estamos de acuerdo en que él tiene la obligación de contribuir al sustento de su hijo. Pero la falta de ese sustento no es algo que justifique que usted rebaje su moral acostándose con cualquier otro. Es más, no hay razón alguna que justifique que usted se empeñe en mantener relaciones sexuales con varios hombres. Cada vez que se acuesta con un hombre cualquiera, usted le está diciendo a su subconsciente: «Como mi cuerpo no vale nada, da lo mismo que lo entregue sin compromiso alguno. Y como mi cuerpo no vale nada, tampoco yo valgo nada como persona. En realidad, no soy digna de alguien que me aprecie, así que me juntaré con cualquiera que se me acerque.» Pensando así, no es de extrañarse que usted se sienta desesperada y sin esperanza.

Le resultará difícil dejar de actuar así a no ser que reconozca y acepte las verdaderas razones que la impulsan a hacerlo. Nos ha dado usted la impresión de que una de esas razones es el enojo que siente hacia el padre de su hijo. Está enojada por la manera como él la trató a usted y porque no contribuye al sustento de su hijo. Y está tratando de castigarlo y de disminuir la influencia que él ejerce sobre usted. También es probable que en parte usted sienta que él la ha rechazado, aunque usted lo haya rechazado a él al mismo tiempo. Ese rechazo que siente tal vez la esté llevando a buscar aceptación de parte de otros hombres. Puede haber otras razones además de estas, pero es difícil deducirlas de lo poco que nos ha contado por escrito.

Su pequeño hijo necesita que el padre de él forme parte de su vida. Si en su país las leyes vigentes no obligan al padre a que contribuya al sustento de su hijo, entonces es posible que usted no tenga ningún modo de hacer que él asuma su responsabilidad. Pero si usted impide que él tenga una relación con su hijo, es menos probable que él tome esa iniciativa de ayudar con su sustento. Por otra parte, si usted lo anima a que desarrolle una relación estrecha con su hijo, es más probable que él se haga responsable de las necesidades económicas del niño. Lo peor que usted puede hacer es usar a su hijo como un arma contra su propio padre a fin de obtener lo que usted desea, aun cuando se trate de lo que usted piensa que el niño necesita. Es que si usted impide que su hijo tenga contacto positivo con su padre, es posible que su hijo crezca sintiéndose rechazado, lo cual pudiera causarle traumas emocionales.

Reconozca el poder que usted tiene. Usted puede mejorar la vida de su hijo mediante su actitud y el ejemplo que le da. Y usted puede mejorar su propia vida y llegar a ser una mujer a la que su hijo a su vez pueda admirar y respetar debido a que usted misma se respeta. Aun cuando usted no pueda cambiar al padre de su hijo o hacer que sea un padre responsable, usted sí puede poner a un lado toda amargura y resentimiento y concentrar toda su energía más bien en mejorar sus propias habilidades en el trabajo y en la vida.

Es evidente que usted se siente muy culpable por la vida que ha estado llevando. Nos ha dado la impresión de que está disgustada consigo misma. Hay un remedio para ese mal. Jesucristo murió en una cruz a fin de pagar el castigo por cada pecado que usted ha cometido y por todo lo que usted se siente culpable de haber hecho. Si de veras está arrepentida de su pecado, sólo tiene que orar y pedirle a Dios que la perdone, y que sea el Señor de su vida y que la ayude de aquí en adelante. Él no sólo la perdonará, sino que también hará que se sienta limpia por dentro, sabiendo que todos sus pecados han sido borrados. Suena tan fácil que cuesta creerlo. Pero lo cierto es que el apóstol Juan dijo: «Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad.» 1 Cuando usted reciba esa limpieza del pecado, le será mucho más fácil reconocer que usted es todo un tesoro que necesita ser protegido y valorado.

Le deseamos lo mejor,

Linda y Carlos Rey
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1 1Jn 1:9

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