12 mar 2018

«Necesito vivir lo que él vivió»

por Carlos Rey

Me conmovió relatarlo por primera vez en Un Mensaje a la Conciencia® el 11 de marzo de 2005, que era el primer aniversario de lo ocurrido ese jueves trágico en Madrid. Pero no sabía que a partir de marzo de 2017 yo habría de estar hospedado doce semanas en las afueras de Alcalá de Henares, que haría yo mismo el recorrido a la estación de Atocha en Madrid varias veces por ese corredor de los trenes del AVE (Alta Velocidad Española), y que cada vez que lo hiciera recordaría aquel crimen contra la humanidad el 11 de marzo de 2004.

El saldo de las bombas terroristas que estallaron ese día fue de casi doscientos muertos y dos mil heridos. Pero esas cifras no incluyen los corazones destrozados de los familiares de las víctimas.

Entre los que fallecieron estaban Jorge Rodríguez, de veintidós años, y Angélica González, de diecinueve. Los dos abordaron el mismo vagón del tren que partió a las 7:12 AM de la estación de cercanías en Alcalá de Henares. Nadie sabe si se conocían, sino sólo que vivían en el mismo barrio y habían estudiado en el mismo instituto. Unos veinte minutos después, al llegar a la estación de Santa Eugenia, ambos perdieron la vida.

Sus respectivas madres, unidas por la tragedia, se hicieron amigas y, a modo de homenaje, comenzaron a hacer juntas, todos los años, el mismo recorrido que hicieron Jorge y Angélica aquel aciago día. La madre de Angélica recuerda emocionada la última pregunta que le hizo su hija: «¿Sabes que te quiero mucho, verdad?», así como su respuesta: «Claro que sí, cariño, y yo a ti también.» Y comenta al respecto: «Ojalá ese día me hubiese ido de este mundo con ella. Al principio incluso hacía este trayecto para ver si me pasaba lo mismo.»

Por su parte, la madre de Jorge explica: «Para mí, recorrer este camino... es duro... pero necesito vivir lo que él vivió.... Es como si le acompañara. Este recorrido es una forma de decir: “Hijo, no pude estar [contigo el día en que pasó], pero voy ahora.”»

Cada año las dos reviven el 11-M como el día de Jorge y Angélica, y juran que seguirán haciendo el mismo trayecto hasta el día en que termine su existencia.1

Gracias a Dios, alrededor del mundo madres como éstas pueden recibir consuelo de parte de Jesucristo, conscientes de que Él se identifica plenamente con ellas. Es que Él vino al mundo precisamente para recorrer nuestro camino. Sabía que iba a ser duro, pero lo hizo porque consideró que necesitaba vivir lo que vivimos nosotros. Sin embargo, a diferencia de la madre de Jorge y la de Angélica, que de haber sido posible hubieran escogido morir ellas mismas ese día en lugar de sus hijos, Cristo no sólo quiso, sino que pudo morir en nuestro lugar y así salvarnos de la muerte eterna. Y a quienes lo reconocemos como nuestro Salvador, nos promete no sólo que va a estar con nosotros hasta el fin del mundo, sino también que va a prepararnos un lugar en el hogar de su Padre celestial adonde nos llevará para estar con Él para siempre.2


1 Mai Montero, «El mismo recorrido en tren, 13 años después de los atentados», 13 Años del 11M, El País,Madrid, 11 marzo 2017 <https://politica.elpais.com/politica/2017/ 03/11/actualidad/1489233616_867780.html> En línea 12 julio 2017.
2 Jn 1:11-12,14; 3:16; 10:11,14-15,17-18; 14:1-3; Fil 2:5-11; 1Jn 3:16