8 feb 2018

«Juntos hasta el fin»

por Carlos Rey

Se conocieron cuando tenían apenas catorce años. En 1940, luego de cinco años de noviazgo, se casaron en la iglesia de San Jorge, en el condado de Kent, en el Reino Unido. Durante casi ocho décadas de matrimonio, tuvieron cinco hijos, doce nietos, diez bisnietos y dos tataranietos.

Estaban por cumplir setenta y siete años de casados cuando a Frank Dodd, el esposo, debido a una insuficiencia cardiaca, lo internaron por cinco semanas en un centro asistencial y luego lo hospitalizaron indefinidamente. Joyce, su fiel esposa, no dejó de visitarlo día tras día en el Hospital Darent Valley, hasta que también ella enfermó. Gracias a Dios, la internaron en el mismo hospital, pero en una planta superior a la de Frank.

El personal del hospital, informado de que la pareja acababa de cumplir setenta y siete años de casados, les ofreció a los familiares la opción de subir la cama de Frank y colocarla al lado de la de Joyce para que pudieran estar juntos en el mismo cuarto. «Fue muy especial la manera como nos trataron, más allá de lo que pudiéramos haber esperado —recordó una de sus hijas, Ángela Bonell, de setenta y cinco años—. Subieron a papá, y así los dos pudieron tomarse de la mano.»

¿Será que Dios mismo, consciente de lo que iba a suceder, impulsó a los administradores del hospital a que fueran tan magnánimos? Poco después de que juntaran las dos camas, a las cuatro de la madrugada, murió Frank. Y sólo catorce horas después, a las seis de la tarde de ese mismo 8 de abril de 2017, murió también Joyce.

De ahí que en el comunicado que emitieron anunciando el funeral, los hijos y los nietos de aquellos queridos ancianos escribieran: «Joyce y Frank disfrutaron de setenta y siete años de  un matrimonio feliz, y durante los últimos años, cuando empeoró su salud, siguieron cuidándose mutuamente, y estuvieron juntos hasta el fin.»1

¡Qué lindo sería que todo matrimonio fuera feliz y que los cónyuges supieran que ninguno de los dos se le adelantaría al otro en el paso a la eternidad! Lamentablemente, lo que más llama la atención del caso de Frank y Joyce es lo excepcional que es, ya que casi ninguna pareja puede tener la seguridad de morir así.

Gracias a Dios, todos sí podemos saber con certeza por adelantado si vamos o no a estar junto a Él cuando pasemos a la eternidad. No hay razón alguna para que ninguno de nosotros dé ese paso en la soledad o mal acompañado, porque Jesucristo, el Hijo de Dios, que dio su vida por nosotros como prueba de su amor incomparable, antes de ascender a la diestra del Padre en el cielo les dijo a sus discípulos: «Les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo.»2 De modo que, si seguimos a Cristo como lo hicieron sus discípulos, pase lo que pase, seamos solteros o estemos o no felizmente casados, podremos estar junto a Él hasta el fin, y tener la seguridad de morir tomados de su mano.


1 Suz Elvey, «Couple Joyce and Frank Dodd die on same day after Darent Valley Hospital staff put beds together» (Los esposos Joyce y Frank Dodd mueren el mismo día después que el personal del hospital Darent Valley junta sus camas), KentOnline, 25 abril 2017 <http://www.kentonline.co.uk/gravesend/news/couple-married-for-77-years-124562> En línea 23 agosto 2017; «Una pareja de británicos muere el mismo día después de 77 años casada», El País, Mundo Global: Crónicas Internacionales, Madrid, 24 abril 2017 <http://internacional.elpais.com/internacional/2017/04/26/mundo_global/1493198542_736939.html> En línea 16 agosto 2017.
2 Mt 28:20; Jn 3:16; 10:14-18; 15:12-13