16 abr 2018

Consuelo para la pérdida de un hijo

por Carlos Rey

(Día Nacional de la Adopción en Uruguay)

«El 24 de enero de 1913 había muerto Ana Amalia, víctima... de la tuberculosis.... Se había intentado todo para salvar[la]; pero había resultado infructuoso.... [En] el féretro colocado... en el cuarto celeste de la residencia... con la tapa abierta, se había dejado el cuerpo expuesto para... los cientos de dolientes que quisieron acercarse a la quinta para acompañar a los padres y dar un último adiós a la infortunada jovencita....»

Así describe la escritora uruguaya Mercedes Vigil, en su novela histórica titulada Matilde, la mujer de Batlle, la muerte y el velorio de la hija de José Batlle y Ordóñez, ex presidente de Uruguay, y de su esposa Matilde.

Durante largos meses, Matilde permaneció sumida en una apatía insoportable para ella y para toda la familia. Con frecuencia repetía: «Esta quinta sin Ana Amalia ha quedado vacía.» Por eso Pepe, apesadumbrado él mismo y preocupado por la larga y profunda depresión en que había caído Matilde, finalmente la animó a que aceptara la sugerencia de su sobrino de que adoptaran a una niña huérfana. Logró convencerla diciéndole que Anita, su querida hija difunta, apoyaría tal adopción como «una obra de bien en su nombre». Fue así como la pequeña Mariquita llegó a formar parte de la familia Batlle.

Pasados seis años, al principio convencida de que jamás nadie podría llenar ese vacío, Matilde ahora contemplaba absorta el ritual que Mariquita realizaba todos los días antes de ir a la escuela de Piedras Blancas, en que arreglaba con esmero el perpetuo ramillete de flores del jardín junto al retrato de Ana Amalia, a quien llamaba «mi protectora». Y cada vez que la niña le decía: «Voy a sacar los huevitos de sus nichos, madre», a Matilde la llenaba de satisfacción el saber que, así «como años antes lo hiciera Ana Amalia, ahora Mariquita era la encargada de retirar, una vez a la semana, los huevos de paloma de sus celdillas.»1

¡Qué tierna y significativa esta escena que describe Mercedes Vigil! No sólo nos conmueve al demostrarnos que nadie puede ni debe borrar el recuerdo de un ser amado al que hemos perdido, sino que también nos reconforta al recordarnos que es posible que alguien llegue a llenar ese vacío. Y la receta es la adopción. Lo que hace más triste aún estos casos es que, habiendo tantos niños alrededor del mundo esperando con ansias que alguien los adopte y les brinde el calor de un hogar propio, haya a la par tantos padres y madres que bien pudieran adoptarlos y así llenar ese vacío, pero que no se deciden a hacerlo. Y hay otros tantos que se sienten muy frustrados por no haber podido concebir sus propios hijos biológicos...

¡Quiera Dios, quien nos escogió desde el principio para adoptarnos como hijos suyos,2 que determinemos vencer nuestros temores y desechar nuestros recelos y prejuicios a fin de seguir su ejemplo y escoger a esos inocentes niños para adoptarlos como hijos nuestros!


1 Mercedes Vigil, Matilde, la mujer de Batlle (Montevideo, Uruguay: Editorial Planeta, 2003), pp. 225-27, 255-57.
2 Ro 8:15; Gá 4:5; Ef 1:5